¿Abstención del PSOE?

Parece que la evolución de los acontecimientos conduce a la abstención del PSOE en la sesión de investidura. No creo que sea una posición ganada para la Gestora e imagino un Comité Federal nada sencillo y que la votación no resulte cómoda para los defensores de esta posición. Ya expuse en su momento por qué no lo veía y no me quiero repetir.

Como complemento a lo señalado entonces, solo se debe añadir que el momento para tomarla hubiera sido en julio, en aquel Comité Federal en el que no se abordaron los problemas con claridad. Procastinar a la hora de resolver un problema es crear otro problema. En eso estamos ahora.

En cambio, sí quiero hablar sobre como abstenerse. La decisión de abstenerse tiene tantos efectos colaterales que hay que examinar con cuidado no sólo si se hace o no sino también cómo se ejecuta la decisión. Hacerlo mal, repercutirá más negativamente de la cuenta. Y esto es algo que trasciende el hecho de que se opten porque que no vayan once o que se decida que voten todos (aunque ya sabemos que habrá votos en contra). Y me parece que tampoco en esto la Gestora no está hilando fino

Parece que la abstención por la que se inclina la mayoría de la Gestora es la ausencia de 11 diputados en la sesión de investidura. No se piden contraprestaciones y se hace de forma vergonzante, pensando que la gente no se da cuenta de que las ausencias no son espontáneas sino dirigidas para ejercer la “responsabilidad”. Se supone que se hará en segunda votación para guardar un poco las formas, lo que tranquilizará a algunos, aunque no a la mayoría. Es la segunda versión peor: no se asume la responsabilidad, no se obtiene nada y  el cabreo de militantes y ciudadanos es considerable, sobre todo con el proceso de la Gürtel en la primera página de los periódicos.

Y el discurso de Hernando defendiendo el “no” de los que se queden será cuando menos complicado, cuando todo el mundo sabe que las ausencias reflejan otra posición. Será escribir cuento del rey desnudo en versión 2016.

Por contra, parece que la dirección andaluza se pronuncia por la opción de que todos se abstengan, sin condiciones. Se puede considerar la más entreguista, que no quiere ver el coste. Será la decisión que fracturará el Grupo Parlamentario Socialista ya que habrá votos en contra. Desde luego, si es la vía para intentar garantizar la gobernabilidad de Andalucía (en la que ya ganó el PP en junio 2016) no resulta razonable y, desde luego, habría que hacerlo explícito.

En ambas opciones, resulta inaudito que se regale  el Gobierno a Rajoy a cambio de nada y que a los ojos de muchos sea regalar a Podemos la oposición. El coste político de incumplir lo que se dijo en la campaña será  espectacular, tanto internamente (con pérdida de militantes) como externamente con bajada de apoyo electoral. No se han hecho bien las cosas (ni siquiera desde el punto de vista de la abstención) y ahora la postura de fuerza que se podría haber tenido negociando la abstención en julio es de debilidad absoluta como consecuencia, entre otras cosas, de la salida de Sánchez.

Si la opción es abstenerse lo único válido es hacerlo con condiciones: subida de salario mínimo y pensiones; creación de un salario mínimo de integración, revisión de la reforma laboral, sanitaria y educativa y creación de una comisión de reforma constitucional para la resolución de la cuestión catalana. A los ojos de la gente podría pensarse que su voto sirvió para algo. No es asumible para el PSOE dar el Gobierno al PP a cambio de nada. El PSOE está incumpliendo su programa sin ninguna contraprestación a cambio. 

Parece ha sido la forma de plantear las dos opciones que se plantean ahora. La falta de coraje a la hora de señalar cuál es el camino por parte de la Gestora es llamativa. Decir como se ha oído que no hay posicionamiento de la Gestora es inaudito. No hay pedagogía más allá de lo que dice Valenciano: prefiero PP débil en la cámara que fuerte después de terceras elecciones. Parece que no ponderaron las dificultades que tenía la destitución de Sánchez y la oposición interna y externa que se podía generar, manifestada en que muchos hayamos firmado la petición de Congreso extraordinario inmediato. Superar el 40% de los militantes supondrá que la situación de la Gestora está muy debilitada…

En todo caso, como he señalado en otras ocasiones, el problema central no está en la investidura. Se localiza en que el Gobierno ha de impulsar la aprobación del techo de gasto y, sobre todo, debería aprobar el proyecto los Presupuestos Generales del Estado que incluya las medidas para conseguir la reducción del déficit en 10.000 millones de euros que reclama Bruselas. No hay, por otra parte, previsiones de aumento de ingresos ya que no se adoptan medidas eficaces contra la evasión fiscal ni se quiere alterar la presión fiscal, sobre todo en relación con las rentas de capital.

Si ese Gobierno no consiguiera aprobar el Proyecto de Presupuesto nos encontraríamos ante una moción de censura indirecta que debería suponer en condiciones normales la presentación de una moción de censura que diera pie a un Gobierno de izquierda o la convocatoria de nuevas elecciones generales. Lo cual es grave, por cuanto que, dado que el Gobierno está formalmente investido, las Cortes actuales no se pueden disolver hasta el 26 de junio de 2017.

Espero que la Gestora y los que apoyen la abstención sea consciente de que al día siguiente a la investidura aparecerán presiones equivalentes a las actuales para que el PSOE no vote en contra. ¿Hay un plan para ese día?

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