Brexit y sus consecuencias

El pasado 23 de junio el Reino Unido decidió en referéndum salir de la Unión Europea. Dos meses después han empezado a visualizarse los primeros elementos relativos a la salida del Reino Unido.

Los pasos que se están dando son lentos; lo cual tiene su sentido teniendo en cuenta los efectos que tendrá en todos ámbitos, traspasando en mucho la negociación de los términos de salida.

1. La dimisión de David Cameron y la llegada de Theresa Mys al 10 de Downing Street ha supuesto la ralentizacion del proceso. En este sentido, no se espera que hasta 2017 se active el procedimiento del artículo 50 del Tratado de la Union Europea. Es una consecuencia de lo imprevisto del resultado del referéndum, que ha obligado a las autoridades británicas a realizar un estudio que defina su posición en las futuras relaciones con la Unión Europea. Más aún, las elecciones presidenciales francesas y las alemanas de 2018 pueden retrasar aún más la presentación de la comunicación a que antes se ha hecho referencia.

No obstante, este proceso se ha mezclado con los seis procedimientos judiciales abierto en Uk High Court sobre quién es el competente para tomar la decisión de activar el artículo 50, si el Parlamento -como reclaman los demandantes- o la Primer Ministra.

2. El Reino Unido y la Unión Europea han empezado a crear los órganos que negociarán el Tratado de salida de la Unión.

Así, la Representación Permanente del Reino Unido ante la Unión Europea ha comunicado la existencia de un órgano para la salida de la Unión, le Secretaria de Estado para la Salida de la UE, dirigida por David Davis. Asimismo, se ha creado un órgano para el comercio exterior (materia que se recordará que es competencia exclusiva de la Unión Europea). Al mismo tiempo, las relaciones entre ellos dos con Johnson, el ex Alcalde de Londres, no son precisamente fluidas, en parte por la pérdida de poder de este último para dirigir el proceso de salida.

Sí conviene tener presente la dificultad que se está encontrando el Reino Unido para disponer de profesionales aptos para las negociaciones comerciales que tendrá que afrontar en el futuro. Dificultades que van acompañadas de un alto coste económico, ya que tendrán que ser fichados de consultoras privadas.

Por parte europea, Michel Barnier, antiguo Vicepresidente de la Comisión europea ha sido designado como Jefe de la comisión negociadora; como encargado de la preparación y ejecución de las negociaciones. Al mismo tiempo, el diplomático belga Didier Seeuws ha sido elegido por el Presidente del Consejo, Donald Tusk, como director del “Special Task Force on the UK Brexit”

3. El Reino Unido ha considerado que no está en condiciones de asumir la presidencia comunitaria durante el período de seis meses que le corresponde en 2017.

4. Alemania, Francia e Italia han formado un grupo para diseñar la futura Europa post Brexit. Un grupo Que se reunió primero en el mes de julio y que el 21 de agosto mantuvieron la segunda reunión para una “mejor Europea”. Una Europa que ve cómo crece el euro escepticismo en os países nórdicos y que encuentra una gran inestabilidad en Europa. De nuevo, España queda fuera de los arquitectos de Europa, como viene ocurriendo desde que Felipe González salió de la Presidencia del Gobierno.

5. El Reino Unido no tiene todavía decidido qué modelo de relación quiere con la Unión Europea.

Por un lado, cabría la opción de formar parte del Espacio Económico Europeo (que es la situación actual de Noruega), lo que obligaría a realizar participaciones en el supuesto europeo, así como a aceptar cierta regulación europea, entre ellas la libre circulación o la normativa en materia de visados. Es, por ello, la opción menos aceptable para la opinión pública y para el Parlamento británico.

La opción que gana enteros es la de articular un tratado del tipo del que se ha suscrito con Canadá, el CETA (que no es otra cosa que un TTIP), el cual aparece ya como modelo en el Reino Unido. Esta opción, que tiene el problema de las dificultades y la duración del proceso de llegar a un acuerdo (superior a los dos años que marca el artículo 50). No obstante, tampoco es una opción sencilla, dado que el Reino Unido habría de aceptar los estándares normativos en materia ambiental, de seguridad y salud laboral de la Unión Europea para que no pueda ser acusado de dumping. Dicho de otro modo, tendría que aceptar buena parte de las normas de las que ha huido con su salida de la Unión Europea.

No obstante, más allá de las consecuencias económicas del acuerdo, hay otros aspectos en los que tendría que llegarse a acuerdos: la política exterior y de seguridad común, cooperación judicial y policial y la normativa antiterrorista e incluso algunos aspectos relativos a la situación de Irlanda del Norte.

6. En la Unión Europea no está clara la posición sobre el momento de iniciar la negociación de la nueva relación con el Reino Unido. Mientras que la Comisión y el Presidente del Consejo proponen que no comience antes de suscribir el acuerdo de salida del Reino Unido,  otros Estados, como Alemania, quieren que se realice paralelamente, para reducir el impacto económico.

No obstante, conviene recordar que, en el caso de que se quiera suscribir un acuerdo como el de Canadá (CETA), el plazo de negociación ha sido de 7 años. Mientras, el artículo 50 del Tratado de la Unión da sólo dos, para que se acuerden las condiciones de la salida. Lo que hace que haya que arbitrar una solución para ese período de tiempo (que podría pasar por una integración parcial en el Espacio Económico Europeo).

7. El Reino Unido se enfrenta, asimismo, a una negociación para la entrada en la Organización Mundial del Comercio, de la que forma parte en la actualidad como miembro de la Unión Europea.

Una negociación en la que puede que exista una parte sencilla (si aplica los mismos postulados europeos), pero que puede plantear dificultades en el caso de que algunos Estados quieran dificultarlo, ya sea por razones económicas (Nueva Zelanda por el mercado de corderos) o por razones políticas (Argentina por las Malvinas, China o Rusia por razones geopolíticas). En todo caso, debe ser aceptado por los 163 países de la OMC, ya que la aceptación de un nuevo miembro requiere consenso.

8. Al mismo tiempo, tendrá que negociar con los países con los que la Unión Europea ha suscrito tratados de nueva generación, como Singapur o Corea del Sur, o el propio CETA (salvo en la parte que no se considere que afecta a las competencias en materia comercial de la Unión Europea). Salvo este último Tratado, que tiene un periodo de cadencia, en todos los demás, en el momento en que salga de la Unión Europea, dejarán de aplicárseles estos Tratados comerciales.

Por otra parte, para el Reino Unido, la negociación de un acuerdo con China es una prioridad, que se ve como la vía para atemperar las consecuencias económicas del Brexit.

No obstante, no podemos obviar una cuestión importante, que es la previsible reticencia de países como Nueva Zelanda o China  a suscribir un acuerdo comercial con el Reino Unido mientras no se clarifique su relación con la Unión Europea. Tenemos que recordar que hay aspectos muy relevantes que dependerán de esta cuestión, tales como la normativa de mercado interior, la relativa a protección de consumidores o los elementos de la política de competencia europea. Para la Unión Europea no es fácil llegar a acuerdos con el Reino Unidos sin conocer los acuerdos comerciales con China, que podrían suponer una puerta trasera de entrada de los países de esta nacionalidad en la Unión Europea.

2 Replies to “Brexit y sus consecuencias”

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Pingback: Bitacoras.com

Comments are closed.