Not so different not so good

El tercer debate entre Obama y Romney posiblemente haya sido el más aburrido de todos ellos. El alto grado de coincidencia por un lado ha sido un elemento que ha quitado interés al mismo.Analizado con un poco de detalle la coincidencia es de brocha gorda, porque en el detalle había elementos distintos… que eran introducidos por Obama que resultó claro ganador del debate.

Al mismo tiempo, el debate resultó mediatizado por los problemas más actuales, que para los estadounidenses están en Oriente próximo: el asesinato de su embajador en Bengasi y la cuestión iraní. Israel hace que sobre Palestina no se hable, salvo para criticarla (por Romney) y sólo sale tangencialmente Siria. Por ello, se puede catalogar como un debate cortoplazista, con los problemas que tiene este tipo de reflexión. Y, desde luego, como se verá inmediatamente, algunas de las cosas que salieron no dejan de ser preocupantes.

Pero volvamos a la política exterior con cinco ideas y una conclusión:

  1. Resulta ofensivo y pornográfico ver cómo Obama se vanagloria de uno de los episodios más turbios de los últimos años y que cuestiona su Premio Nobel de la Paz: la muerte de Oshama Ben Laden y el que con posterioridad se arrojara a las aguas del Océano Índico. Incluso él tenía derecho al due process of law del que se presume en el derecho estadounidense. Con esta acción Obama se integra en una política exterior, la salida de los atentados del 11-S, que tiene como puntos culminantes Guantánamo, Bagram y Diego García, grandes centros de tortura y detención ilegal internacional. Incluso el Tribunal Supremo de los EE.UU. ha tenido que reconocer a los detenidos en Guantánamo ciertos derechos de defensa. Y paradójicamente es una cuestión sobre la que algunos partidos de izquierda europea han corrido un (es)tupido velo.
  2. Es enternecedora, naïf y antigua la petición constante de Mitt Romney de que haya que reforzar el ejército con más medios tradicionales, tal como se hacía en los aparentemente lejanos tiempos de la guerra fría. Es la única partida de gasto público que quiere desarrollar Más aún cuando es constatable que en este momento se está desarrollando una guerra informática entre EE.UU., Israel e Irán que deja fuera de juego divisiones acorazadas y grandes barcos. Fácil lo tuvo Obama para decir que igual que hacen falta menos caballos también hacen falta menos portaaviones nucleares cuando hay otros medios más eficaces. El componente ingenuo se transforma en grave cuando vemos que su llamamiento a unos Estados Unidos más fuertes como medio de la política exterior recuerda a la conocida frase de Clausewitz de que la “guerra es la continuación de la democracia por otros medios”. Es la política de Bush con otras formas.
  3. China aparece como el gran elemento de discordancia. China recuerda a los jarrones chinos que no se sabe donde colocarlos, con los que hay que convivir y que se pueden romper en cualquier momento. Molesta que sigan autodenominándose comunistas, que haya problemas de derechos humanos y derechos laborales (con lo que es obviable lo de comunistas). Pero sobre todo, crecen mucho, son muchos y dentro de poco serán la primera potencia. Y EE.UU. no sabe cómo relacionarse con ella. Y eso es un problema, porque esta es una batalla comercial y no militar y el modo de actuar obliga a cambiar de parámetro de referencia.
  4. La ausencia de Europa del debate. No es una cuestión que haya que tratarse. Sorprende. Las aparentes buenas relaciones no significa que, tal como aparentó de preguntas y respuestas unos vivan a espaldas de los otros. Demasiados puntos de conexión hay en la globalización como para que se abordara.
  5. La ausencia en los debates de los problemas económicos internacionales actuales. Se supone que la asimetría del fenómeno global hace que los EE.UU. sigan pensando que no es un problema para ellos, dado que tendrán capacidad para imponer las soluciones. Lo cual no quita para que cuestiones haya sobre las que tener puntos de vista diferentes.

De los debates, sólo una reflexión final: la constatación global de que si “Romney no tenía nada coherente o sustantivo que decir en política interior (…) ha sido poco coherente para decir algo y a menudo parecía totalmente perdido” (New York Times), hace que se espere que haya algo de sentido común en los votantes estadounidense. Es un problema local con connotaciones globales. Y eso que el hecho de que haya muchos elementos de política exterior pactados entre los dos grandes partidos hace que no haya grandes diferencias. Lo que, a mi juicio, no es bueno.

Este artículo fue publicado originariamente en Agenda Pública el 25 de octubre de 2012