De Guindos no explica el caso Soria en el Pleno del Congreso: Deficiente control del Gobierno y ¿regeneración democrática?

Luis de Guindos no comparecerá en el Pleno del Congreso para explicar la designación frustrada de José Manuel Soria en el Banco Munidial. El Gobierno, gracias al apoyo de Ciudadanos, se ha salido con la suya y la comparecencia se producirá solo ante una Comisión de Economía del Congreso.

Varias consecuencias se deben extraer de esta situación.

1. El sistema de control político del Gobierno lo decide el propio gobierno.  El primer aspecto que quiero tocar es el del insuficiente control del Gobierno. Hoy, sin temor a equivocarnos, se puede afirmar que la mayoría que sostiene al Gobierno determina cuándo el controlador (la oposición) controla al Ejecutivo.

La razón estriba en un aspecto nada asumible del Reglamento del Congreso: De acuerdo con el artículo 39.4 del Reglamento del Congreso: “las decisiones de la Junta de Portavoces se adoptarán siempre en función del criterio de voto ponderado”. Resultado: las peticiones de comparecencia que se han considerado molestas por el objeto han sido rechazadas. O, en el caso que nos ocupa, un absurdo juego entre la Presidencia del Congreso y el Congreso para ver la disponibilidad de De Guindos, para lo que ha usado torticeramente su competencia de fijar el Pleno. Dicho de otro modo, el Gobierno no sólo decide el qué sino también el cómo y el cuando.

Nótese la diferencia: Gracias a la ayuda de Ciudadanos, Luis de Guindos comparece por la tarde para hablar en la Comisión de Economía de la prórroga del Presupuesto y a continuación hablará del caso Soria. Los peticionarios querían una comparecencia en el Pleno para hablar de este tema. La diferencia es sustancial, aunque sea por el hecho de que las reuniones de las comisiones no son públicas.

2. ¿Qué solución habría? Modificar el régimen de control del Gobierno en el Reglamento del Congreso e instaurar una regla como la que está en la Constitución de Alemania. Su artículo 44.1 es especialmente relevante ya que fija un porcentaje minoritario de diputados que pueden decidir la creación de una comisión de investigación: “El Bundestag tiene el derecho y, a petición de una cuarta parte de sus miembros, el deber de nombrar una Comisión de investigación encargada de reunir las pruebas necesarias en sesiones públicas”. Una regla que sería perfectamente incorporable a nuestra práctica política, tanto para la petición de comisiones de investigación como para la petición de comparecencia de los miembros del Gobierno y demás autoridades.

Una regla que debería permitir fijar el cómo y el cuándo de la reunión en que se controle al Gobierno.

3. La Presidenta del Congreso ha ejercido de forma deplorable su función, por segunda vez. La primera fue fijando el pleno del investidura los días 30 y 31 de agosto, los que llevarían las terceras elecciones al 25 de diciembre. La segunda ahora, haciendo lo posible para que no se efectúe un adecuado control del Gobierno, de acuerdo con lo solicitado. No olvidemos que Ana Pastor ha dilatado la convocatoria de ese pleno, que todos los grupos excepto el PP exigieron formalmente en la Junta de Portavoces para esta semana. De hecho, la decisión se tomó en la mesa de la Comisión donde el PP tiene dos representantes, el PSOE otros dos y Ciudadanos uno.

4. Ciudadanos había venido a regenerar la política y la política se lo merendó. Una actuación como ésta, que impide el adecuado control de la acción de Gobierno le inhabilita como regenerador. Su apoyo al PP en esta materia no es comprensible, más allá de que hayan llegado a un acuerdo de Gobierno. Contradice todo lo que han venido diciendo sobre el papel del Parlamento y sobre la función de la ética en política.

5. Lo reseñado en el punto anterior deja en muy mal lugar a Pedro Sánchez y su búsqueda de un “Gobierno del cambio” que incorpore a Ciudadanos a la hora de perjeñarlo. Desde la laxitud con la que cumplió el PP las condiciones, se ve que han traspasado una línea y que en este momento su función es la de sostener a Rajoy. Se ve que, pese a los desprecios de Hernando a Rivera en la sesión de investidura, el pacto PP-Ciudadanos es un muerto que goza de buena salud. Es legítimo, pero habría que haber tomado nota.

Va siendo, pues, hora de ponerse a trabajar en otra dirección y de darse cuenta de que lo que no puede ser, además es imposible. Si no es así, la sensación de ridículo resulta agobiante.