La izquierda

La izquierda

La izquierda. Y Rajoy seguía ahi. La imagen del Congreso tranquilo del Partido Popular, con un líder asentado, a pesar de haber presidido el partido durante los largos años de Gürtel, de los mayores recortes en la historia de España, de lo intrascendentes que somos en el mundo, de nuestra mala política ambiental, social, económica, de la pérdida de derechos, del uso de la mentira … demuestra lo mal que lo estamos haciendo. Sí, la izquierda lo está haciendo rematadamente mal.

De entrada no sabemos discutir. No es razonable que se vea al compañero de partido un enemigo. La polarización del debate entre Sánchez y Diaz; entre Iglesias y Errejón constituyen un error estratégico de gran calado. El abuso de las redes sociales contra aquellos que comparten los aspectos esenciales de un proyecto político demuestra que no hemos visto donde está el adversario.

Toda solución que venga de estos debates está viciada. Las energías que se han gastado en destrozar al compañero hay que volverlas a tener para intentar unificar al partido; que nunca volverá a ser igual. Entre otras cosas porque también internamente el triunfo se suele ver como victoria final que permite laminar al otro grupo aunque tenga un porcentaje significativo de apoyos. La lealtad a los proyectos se manifiesta también en la integración de los grupos.

En medio, los aparatos ahogan la vida del partido. Sí, parece que hoy el objetivo de la izquierda no es cambiar la sociedad. La energía pasa por estructurar un régimen más complejo aún de los avales, por restringir los debates, por hacer que se voten aspectos distintos de forma conjunta, por retrasar o alterar el normal funcionamiento. Si, es el aparato el que acaba estructurando la vida del partido. Poco importa que la militancia no participe o que sea cada vez más pequeña.

Los llamamientos a la unidad acaban siendo poco creíbles. En España tenemos que darnos cuenta de un dato: la izquierda es mayoritaria y sin embargo no gobierna. Las peleas por mover un grado a la derecha o a la izquierda un programa son más importantes que dejar gobernar a Rajoy.

La destrucción del Estado de bienestar la está ejecutando él, pero nosotros estamos siendo cómplices necesarios por nuestra incapacidad para gestionar un proyecto común de gobierno.

Para terminar tenemos un discurso limitado. Lo que estamos viendo no es un discurso de ideas, es un discurso sobre el poder. Estamos haciendo a diario un ejercicio de pensamiento débil.

La articulación de un discurso supone saber, de entrada, quiénes son sus destinatarios, qué necesidades tienen y que soluciones se le pueden dar. No podemos jugar con soluciones conservadoras, liberales porque hay dos modelos más originales que el nuestro que siempre serán mejores y más fiables que el original. Y porque no estamos aquí para llevar a la práctica su programa de gobierno, sino para cambiar la sociedad. Cada día que no nos demos cuenta de esto hará que perdamos un poco más de credibilidad.

Y, además, no somos capaces de articular una solución original, valiente, imaginativa e integradora para resolver el problema catalán.

El problema es de contenido pero también de forma. Con nos recuerda Lakoff, existe n principio básico del enmarcado para cuando hay que discutir con el adversario: no utilices su lenguaje. O creamos nuestro marco, nuestro relato o seguiremos donde estamos ahora.

Mientras, ahí fuera, los abstencionistas que son de izquierda esperan un revulsivo. Hoy Trueba se quedaba en El Pais de que se les ha dejado huérfanos contra la corrupción. No, les hemos dejado huérfanos contra los recortes, contra la pérdida de derechos. No se les da un horizonte de una vida mejor. España, en definitiva, necesita ese revulsivo.

Rajoy es Presidente del Gobierno porque le estamos dejando gobernar. Y no hablo de la abstención en la investidura. Hablo de los votantes que en diciembre y junio decidieron no ir a votar. 3 de cada 10 censados se quedaron en casa como si esto no fuera con ellos. ¿Han pensado los aparatos en la responsabilidad que tienen en ello? ¿Han pensado los de las peleas cainitas porque está ocurriendo esto?

¿Os acordais de Aprile, la película de Nanni Moretti? La escena en la que está comentando el debate entre Berlusconi y el que fue todopoderoso (internamente) secretario general de las juventudes comunistas, Massimo D’Alema es la imagen triste de lo que se está señalando.

 

Los que triunfen internamente podrán solazarse con ello. Pero será victoria más pírrica. Fuera, Rajoy sigue de Presidente del Gobierno.