Crisis del PSOE ¿riesgo de ruptura?

El pasado domingo el PSOE decidió en su Comité Federal abstenerse en la segunda votación de la investidura de Rajoy. Una decisión complicada por la fractura interna provocada en el otro Comité Federal, por la oposición interna y por el posible efecto electoral negativo, fruto de una sociedad que se siente huérfana frente a las políticas del PP. Y porque se ha realizado sin negociar una sola condición al PP.

Una decisión tan grave como ésta debería suponer que el que la toma ha de buscar como atenuar el daño. Porque daño existe, interno y externo. Y cómo se genera voluntad de unidad para reiniciar el camino. Y cómo se genera un discurso que permita reconectar con una sociedad que no aguanta la discrepancia en los partidos.

No es por ello comprensible que, si se quiere coser el Partido, cuando el artículo 35 del Reglamento del Grupo Parlamentario permite un voto en conciencia, se fuerce la máquina para imponer la abstención de todo el grupo parlamentario ¿Se expulsó a Antonio Gutiérrez cuando votó contra la reforma laboral? Acaso haya que recuperar parte de ese talante.

Es conocido que la mejor forma de restañar heridas es facilitar al discrepante su situación. Sobre todo cuando el objetivo que se pretende, permitir la formación de Gobierno, se consigue con la abstención de 11 personas. Si se diera El Paso de la expulsión del Grupo Parlamentario, que hoy sonaba, sería el camino seguro hacia la pérdida de toda posibilidad de gobierno para el Partido. Sería paradójico que por la expulsión de los que votaran que no se dejará a Podemos-UP tener el segundo Grupo Parlamentario más numeroso.

No es comprensible cuando se quiere coser el partido, que se carguen las tintas contra el PSC, como aparece en el comunicado vespertino. A mí me ha dado la sensación de que con ello no sólo no se entiende la realidad catalana sino que es sintomático de una falta de entendimiento de que vivimos en una sociedad plural, abierta, con realidades políticas distintas, nacionales, que pueden convivir pensando en lo que les une o ser intrascendentes si se potencia lo que nos puede distinguir.

El problema que puede suponer las consecuencias de entender que el voto negativo del PSC supone una “ruptura unilateral” se extienden mucho más del territorio catalán, porque, en el fondo es una forma de sentir lo que es España. Y si España no es nada sin Cataluña, el PSOE no lo será sin el PSC. Y para lo uno y lo otro falta diálogo y voluntad de consenso. Territorialmente, además, están en una sensación parecida las federaciones de País Vasco, Galicia, Baleares y la Comunidad Valenciana.

No es comprensible tampoco que aún hoy no se haya recibido a los impulsores de la iniciativa que ha reunido 90.000 firmas en favor de un Congreso extraordinario y de celebrar primarias. No lo es porque, más allá del número concreto, ya se validen 70 u 80.000 muestra un sentimiento entre las bases del partido que debe ser tenido en cuenta. Más aún si el Congreso se debería haber celebrado hace meses, porque tocaba en su forma ordinaria.

El tiempo muerto no parece existir ahora en el PSOE. Es momento de pensar que quieren los dirigentes y militantes. Tensar la cuerda puede llevar a la escisión. Ya ha habido una pérdida de apoyo que ha ido a la abstención y a Podemos.

El diálogo puede conducir a una distensión que permita un Congreso fructífero y que se debería celebrar lo antes posible. El debate es qué partido va a salir del Congreso. Si se profundiza en lo que separa, la sociedad no volverá su vista hacia él. Si se empieza a generar cohesión se habrá dado un pequeño paso para volver a conectar con la gente. Pequeño pero imprescindible.

Porque además de todos los problemas internos, no debemos olvidar que a) en el caso de que no se aprueben los Presupuestos podemos estar ante una convocatoria electoral en la primavera de 2017; b) España está en una situación catastrófica tras los cinco años de Rajoy y c) los Presupuestos deberán asumir unos recortes de 5000 millones de euros.

Y ahí el PSOE se situará ante el que quita y pone gobiernos, la ciudadanía. ¿En que condiciones?