¿Investidura sin aprobación de presupuestos?

Un lector me pide que reflexione sobre el sentido de la sesión de investidura y qué supone que el Congreso de los diputados elija a un Presidente del Gobierno. Una pregunta pertinente, cuya respuesta puede no ser pacífica, y que sirve para explicar la situación actual en España.

De acuerdo con lo que señala el artículo 99.2 de la Constitución, “el candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara”, se entiende que para desarrollar ese programa. Dicho de otro modo, se vota al candidato con el programa del Gobierno. Esto es, el día de la sesión de investidura se concentra el apoyo a un programa y a la persona que ha de ponerlo en práctica.

¿Por qué no se obtiene la confianza?

Por razones políticas, de entrada. La exigencia europea de buscar 10.000 millones es un buen ejemplo. Se puede hacer gastando menos, subiendo la presión fiscal (que recordemos que en España es más baja que en la media europea) o mejorando la lucha contra el fraude. La opción entre lo primero y lo segundo tiene consecuencias tan importantes que justifica un sí o un no. La velocidad de tener una Administración tributaria como la de la media de la Unión Europea condiciona muchas políticas por el efecto en la recaudación y por ello en la calidad de los servicios públicos.

Pero también por ética. Rechazo la afirmación de Torreblanca, el jefe de opinión de EL PAÍS, de que ahora estamos hablando de política y no de moral. La ética pública es un valor relevante. ¿Qué son sino condicionantes éticos los que puso Ciudadanos al PSOE en Andalucía de que renunciaran a sus cargos Chaves y Griñan. Algo que pareció bien a muchos (entre ellos a mí) y que se deberá proyectar a todos los lugares. El juicio político ético, lo he dicho en otras entradas del blog, debería ser más riguroso que el penal. Y desde luego no tienen que ir de la mano.

El valor de la futura aprobación de los Presupuestos

Ahora bien, como es conocido, la labor de gobierno precisa un instrumento: los presupuestos generales del Estado. Las leyes anuales de Presupuestos tienen un contenido mínimo, necesario e indisponible, constituido por la expresión cifrada de la previsión de ingresos y la habilitación de gastos. Como señaló el Tribunal Constitucional, “no es sólo un conjunto de previsiones contables (STC 65/1981, fundamento jurídico 4. ), sino un vehículo de dirección y orientación de la política económica que corresponde al Gobierno”.

Dicho de otro modo, no es sólo cuestión de que un partido ostente el Gobierno, sino que disponga de capacidad de llevar a cabo su programa. Para eso hace falta un mínimo suficiente de vinculación para la aprobación de presupuestos. Cuando no se tiene esa confianza, no se aprueban los Presupuestos.

De hecho, la no aprobación de unos presupuestos tiene el efecto político equivalente a una moción de confianza, ya que supone que el Presidente ha perdido la confianza de la cámara como le ocurrió a Felipe Gonzalez en 1995, lo que dio lugar a las elecciones que dieron la victoria a José María Aznar en 1996.

¿Qué ocurre con un Gobierno que no consigue aprobar los Presupuestos?

Si el Gobierno que ha obtenido de mala manera la investidura no consigue aprobar los Presupuestos, nos encontramos con que el resultado es contraproducente por dos razones:

a) el Gobierno -al que se ha dejado gobernar aunque se está en contra de sus políticas- deja de ser un Gobierno en funciones y dispone de toda la capacidad de actuar, incluso sin respaldo de la cámara.

b)Tiene un plazo mínimo en el que se mantendría en el poder ya que no se pueden convocar elecciones hasta un año después de la última disolución, tal como dispone el artículo 115.3 de la Constitución.

Como se puede ver, el acto de la investidura no es “dejar a la lista más votada que gobierne”, sino que tiene implicaciones mucho mayores. Rajoy, en una de las declaraciones que hizo al poco tiempo de las elecciones recordó que la investidura era para gobernar y él es consciente de que sin Presupuestos es imposible.

Acuerdos para un Gobierno y líneas rojas

Y por ello, los acuerdos a los que se llegaron, en la pasada legislatura y en esta, son insuficientes porque no pasan de proposiciones genéricas sin que se establezcan mecanismos para llevarlos a la práctica. El acuerdo de Gobierno en Alemania es un ejemplo, porque está hecho para gobernar lealmente una legislatura en coalición.

Pero se puede llegar a acuerdos de otro tipo. Dos o uno en el gobierno y otro apoyando desde fuera en negociacion. Así se gobierna la Comunidas Valenciana o la Comunidad de Madrid y, se esté o no de acuerdo con las políticas, nadie puede discutir que se gobierna. Pero hace falta un mínimo de confianza en políticas y gobernantes.

Las líneas rojas que existen, del PP sobre Podemos, y los nacionalistas catalanes y vascos, de Ciudadanos sobre Podemos y los nacionalistas, del PSOE sobre el PP y de Podemos sobre PP y Ciudadanos (aunque todo pueda cambiar) lo que en el fondo explican es que los problemas de España tienen soluciones diversas, con las que hemos de convivir ajenos al pensamiento único. La ausencia de gobiernos de coalición en Gobierno de España hace que, como en el deporte, se requiera entrenamiento.

Estamos aún en el calentamiento. El problema es que tenemos un plazo limitado (dos meses) y dos elecciones el 25 de septiembre.

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