Referéndum de autodeterminación en Puerto Rico

Referéndum de autodeterminación en Puerto Rico

Puerto Rico acaba de aprobar una Ley para la Descolonización Inmediata de Puerto Rico que establece el procedimiento para la celebración de un doble referéndum para la autodeterminación. Una norma larga, con una exposición de motivos muy extensa y llena de agravios de los EEUU hacia la isla y que pretende ser el camino para entrar en la Unión, tal como desea el Gobernador Rosselló.

El 11 de junio se celebrará un referéndum en donde cabrán dos opciones, cuyas consecuencias jurídicas son asumidas, aparentemente, por el votante en una larga papeleta de voto:

Estadidad:

Con mi voto, reitero mi petición al Gobierno federal para comenzar de inmediato el proceso para la descolonización de Puerto Rico con la admisión de Puerto Rico como estado de la unión de los Estados Unidos de América. Soy consciente de que el resultado de esta petición de Estadidad, conllevaría iguales derechos y deberes con los demás estados; y la unión permanente de Puerto Rico con los Estados Unidos de América. Soy consciente, además, que mi voto en reclamo de la Estadidad significa mi apoyo a toda gestión dirigida a la admisión de Puerto Rico como un estado de la Unión y a toda legislación estatal o federal dirigida a establecer la igualdad de condiciones, la Representación Congresional y el Voto Presidencial para los ciudadanos americanos de Puerto Rico. Estoy consciente, que la Estadidad es la única opción que garantiza la ciudadanía americana por nacimiento en Puerto Rico.

Libre Asociación/Independencia:

Con mi voto realizo la primera petición al Gobierno Federal para comenzar el proceso de descolonización a través de: (1) “Libre Asociación”: prefiero que Puerto Rico adopte un estatus fuera de la cláusula territorial de la Constitución de los Estados Unidos, que reconozca la soberanía del pueblo de Puerto Rico. La Libre Asociación se basaría en una asociación política libre y voluntaria, cuyos términos específicos se acordarían entre Estados Unidos y Puerto Rico como naciones soberanas. Dicho acuerdo dispondría el alcance de los poderes jurisdiccionales que el pueblo de Puerto Rico autorice dejar en manos de Estados Unidos y retendría los restantes poderes o autoridades jurisdiccionales. Bajo esta opción la ciudadanía americana estaría sujeta a negociación con el Gobierno de los Estados Unidos; o (2) La Proclamación de la “Independencia”, demandó al Gobierno de los Estados Unidos que, en el ejercicio de su poder para disponer del territorio, reconozca la soberanía nacional de Puerto Rico como una nación totalmente independiente y que el Congreso federal promulgue la legislación necesaria para iniciar la negociación y la transición hacia la nación independiente de Puerto Rico. Mi voto por la Independencia representa, además, mi reclamo de los derechos, deberes, poderes y prerrogativas de las repúblicas independientes y democráticas; mi apoyo a la ciudadanía puertorriqueña; y a un “Tratado de Amistad y Cooperación” entre Puerto Rico y los Estados Unidos con posterioridad al proceso de transición.

Si saliera vencedora la segunda opción, se celebraría un nuevo referéndum el 8 de octubre de 2017, para determinar cuál de las dos opciones resulta ganadora.

Esta es la opción que ha decidido el Congreso de Puerto Rico para resolver una situación extraña desde todo punto de vista jurídico. Ser un territorio no incorporado hace que solo tengan ciertos derechos de ciudadanía (el pasaporte, por ejemplo) pero ni voten en las elecciones presidenciales ni tengan representantes en el Congreso con voz y voto. Colaboran en la seguridad social y en  Medicare de servicios médicos, pero recibe menos prestaciones que los estados de Estados Unidos. Una situación claramente anormal.

No obstante, el referéndum no se puede desligar de la grave crisis puertorriqueña. De entrada, porque caso de transformarse en el Estado 51° supondría la posibilidad de la quiebra de las entidades públicas, lo que no es posible ahora. La legislación que se aprobó el año pasado, PROMESA, no permite una renegociación de la deuda con los bonistas tal como lo ha hecho Detroit, por ejemplo.

Al mismo tiempo, permitiría incrementar los fondos federales que llegan anualmente a la isla en unos 10.000 millones de $ lo que contribuiría a mejorar la situación actual.

No obstante, el problema sigue estando en Washington. Los republicanos nunca han sido muy propensos a los referéndums en Puerto Rico. De hecho, en las leyes anteriores solo voto a favor el 20% de los congresistas de dicho partido, hoy mayoritario. Pero, además, aparecerán los problemas de legitimidad del resultado dependiendo de cuál sea la participación; siendo mucho más estrictos con Puerto Rico que lo ocurrido con Hawai.

En el referéndum de 2012 no se movió un ápice la cuestión política de Puerto Rico, a pesar de que el 54% votó por la integración en EEUU. Y en el caso de que triunfe la estadidad se iniciarían unas duras negociaciones con las autoridades federales para intentar ser el Estado 51°.

¿Qué ha dicho Trump sobre Puerto Rico? El año pasado rechazó la posibilidad de un rescate para la isla. Y no se vislumbra bien como entra en el el make América great again incluir un nuevo territorio que precisa muchos recursos económicos (y donde él no ha invertido nunca, solo cedió su nombre a un campo de golf). Sería, además, el primer Estado hispano, cuya lengua oficial hoy es el castellano. Y que, además, suele ser de mayoría demócrata.