TTIP, a partir del libro de Adoración Guamán, “TTIP. El asalto de las multinacionales a la democracia”

 

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Adoración Guamán, “TTIP. El asalto de las multinacionales a la democracia”, Editorial Akal, ISBN 978-84-460-4257-0; 192 Páginas, (2015).

La lectura del libro de Adoración Guamán proporciona una visión muy interesante del TTIP y del mundo del que conforma uno de sus elementos vertebradores. Es complicado hablar de un Tratado que se encuentra en un proceso de negociación, una negociación que es compleja y que, además, se dice que está en crisis. No obstante, es un libro acertado en cuanto a las cuestiones identificadas -desde las más generales de la contextualización y gestación del TTIP a las más concretas de la cooperación reguladora, el arbitraje de inversiones -, a las informaciones de las que se dispone -muy bien documentado- y a las críticas que se verten. Un libro que, por ello, resulta de lectura

El libro de Guamán sirve precisamente para incitar a reflexionar sobre las consecuencias que va a tener el Tratado.

El TTIP plantea de entrada un problema de legitimidad en cómo se está negociando. Es cierto que toda negociación tiene un punto de secreto durante el tiempo de la negociación. Pero no es admisible los problemas que están teniendo los representantes de la ciudadanía ni los de los Estados europeos para conseguir tener acceso a la documentación. En este sentido, conviene también tener presente la presencia continua de lobbies que han presionado en determinados sectores.

A partir de este primer presupuesto metodológico hay tres tipos de cuestiones que resultan dignos de ser examinados con cuidado en el TTIP. Antes conviene tener presente un segundo presupuesto metodológico que explica la importancia conjunta de estos tres elementos y que condicionará la respuesta jurídica que se proporcione: el TTIP no es un acuerdo de liberalización del comercio internacional. Es un acuerdo de regulación económica que va a afectar a las reglas de nuestra Constitución económica sin que seamos conscientes de ellos. Va a incorporar, en consecuencia, una mutación constitucional que, si se hiciera por la vía de la reforma constitucional, exigiría mayoría de 3/5 de cada Cámara. No podemos olvidar que la filosofía del acuerdo responde a una óptica económcia determinada (que coloquialmente podemos situar en el neoliberalismo) y que en consecuencia puede casar mal con la

  1. Cooperación reguladora.La cooperación reguladora se opone frontalmente a la cláusula del Estado democrático que recoge el artículo 1.1 de la Constitución. Los modelos que conocemos ahora suponen que, en la práctica, supondrá que aspectos sustanciales de la ordenación se determinarán en el Consejo para la Cooperación Regulatora. El examen de la regulación se producirá ex ante y, por ello, las medidas que se apruebe en Europa y, con posterioridad, en los Estados dependerán de unos acuerdos adoptados de forma no democrática y nada transparente.
  2. Mecanismos de solucionar diferencias con los inversores extranjeros. De entrada, resulta llamativo que los Estados reconozcan que su propia justicia no responde a parámetros asumibles en cuanto a la independencia de los Tribunales. En segundo lugar, plantean un problema esencial sobre el derecho aplicable, que se concretará en la cláusula del trato justo y equitativo. En tercer lugar, plantea dificultades sustanciales sobre el cómo se llega a determinar los Tribunales arbitrales. Y en cuarto lugar, supone que nos encontraremos ante una situación de discriminación entre inversores nacionales y extranjeros a la hora de determinar cuál es el órgano que conocerá de las diferencias en materia de inversiones; lo cual, además, atentará al principio de competencia entre operadores económicos.
  3. Integración con CETA, TPP y TISA. Es el dato del que menos se habla pero que tiene más transcendencia. El juego de los cuatro tratados conjuntamente determinará una estabilidad de las reglas aplicables y una dificultad considerable para su modificación. Permitirá un juego de deslocalizaciones importantes para que los operadores encuentren en cada momento la normativa más beneficiosa, deslocalizaciones que están siendo impulsadas además con el juego de las empresas filiales. Todo lo cual, además, reposando sobre el papel preponderante de los EE.UU. en el comercio internacional. La integración con el TISA, por ejemplo, nos obligará a replantearnos cuál va a ser el régimen de los servicios públicos, hoy fuera del TTIP pero que constituyen el objeto del TISA

El contenido del Tratado, las cláusulas que serán positivas o negativas para cada una de las dos vertientes se podrán analizar cuando se concluya la negociación. Lo que resultará relevante a la hora de su análisis es, por ejemplo, cómo quedan las condiciones de trabajo teniendo en cuenta el escaso número de convenios esenciales de la OIT  que ha suscrito los EE.UU. De igual manera, que reglamentaciones ambientales y sociales deberían ser modificadas. Y, en la misma línea, que ocurre con la seguridad de los productos y el acceso a los medicamentos.

Aspectos todos ellos que requerirían tanto un debate público de más intensidad del que ha habido en España y que debería culminar con un referendum. Su trascendencia haría que, al igual que hicieron los Presidentes González y Rodríguez Zapatero con la integración en la OTAN y con el Tratado constitucional europeo, la ciudadanía tenga la posibilidad de opinar. Es, además, una forma de que está norma tenga la legitimidad que requiere su contenido.

Pero este debate público no podrá obviar un debate jurídico que, sin lugar a dudas se producirá cuando se suscriba el Tratado. Debate general sobre la competencia de la Unión para regular todo lo que esté en su contenido, debate sobre la compatibilidad de las cláusulas con los Tratados y compatibilidad de las cláusulas con las Constituciones de cada uno de los Estados. El debate jurídico impulsado por Alemania sobre la compra de bonos por el Banco Central Europeo es una muestra de las dificultades jurídicas que también tendrá el TTIP