Referendum en Cataluña: Rajoy el gran fracasado

El desarrollo de la jornada de hoy es la consumación del fracaso de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno. La exteriorización de su incapacidad política para gestionar un problema complejo como es el catalán. Su actuación desde que se aprobó el Estatut ha avivado el independentismo. Hoy le ha dado su gran regalo, que es la manifestación de su fracaso.

Se puede recordar su nula visión política cuando recurrió un Estatuto que había aprobado la ciudadanía catalana en referendum. Al igual que sus campañas anticatalanas, votación andaluza incluida.

Nos podríamos remontar a su incapacidad para saber entender todo lo ocurrido desde la multitudinaria Diada de 2012. Aquella manifestación, repetida en los cinco años siguientes, no era un mero calentón de la población que se pudiera solucionar con el paso del tiempo, sino que requería hacer política para desactivar el problema. Lo que no ha hecho y hoy ha explotado.

En el último año ha permitido por su inactividad que lleguemos a la celebración de la consulta del 1 de octubre. Sí, ilegal, sin garantías, sin censo, con un recuento que no es comprobable y cuyo resultado estaba más que cantado desde el 6 y 7 de septiembre, cuando en aquél esperpéntico pleno se convocó. Pero había que conseguir que, políticamente, no se convocara. Nada se hizo, nada pasó más allá de dos reuniones de la Vicepresidencia con una agenda sin ajustar y el resultado lo tenemos hoy.

Ha dejado durante los últimos años que el discurso independentista fuera calando. Decir sencillamente que el referendum está prohibido no es sino una incitación a que la gente quiera aún más ir a votar. No ha habido un discurso alternativo, no se han presentado propuestas, no ha habido empatía. No se ha intentado ganar un hipotético referendum y con ello se ha conseguido incrementar día a día más.

Y lo ocurrido hoy ha sido la exteriorización de que no entiende nada de lo que pasa en Cataluña. Nada de nada. Es llamativo cómo está ciego delante de lo que ocurre en la calle y cómo cada acto suyo tiene el efecto inverso. Los últimos quince días han sido de exaltación independentista por su penoso proceder.

Precisamente hoy, cuando todas las cámaras internacionales tenían los ojos puestos en Cataluña, las órdenes que se han dado a la policía han conducido a un desastre con más de ochocientos heridos, cargas policiales y golpes, muchos golpes, dados por la policía. La opinión pública internacional ha percibido de qué ocurría. Ha dejado que el discurso que está en las redes sociales sea España prohibe el voto con la porra policial. La #MarcaEspaña por los suelos. El fracaso de que tampoco hoy ha sabido qué hacer.

La función de un Presidente del Gobierno con ese sentido común del que tanto presume en un día como hoy es preservar la unidad de España. El medio es una presión policial limitada que no tenga altercados con unos votantes que querían manifestar su opinión. Ni una porra ni un encontronazo ni un herido. Lo que ha pasado hoy es lo contrario: hoy Cataluña puede haber firmado su segregación de España. La sentimental, que es la importante.

La comparecencia ha resultado patética. Ni autocrítica a la actuación anterior ni a lo ocurrido hoy ni diálogo para el futuro con las autoridades catalanas. La ley como único argumento; desconociendo la fuerza normativa de lo fáctico, manifestada en todos los que han querido votar. Lo ocurrido en Cataluña no ha existido, a pesar de que está en todos los medios informados de Europa y el mundo, de que líderes europeos han manifestado su preocupación y de que la CNN lo haya considerado una vergüenza. El dialogo no lo sitúa en las coordenadas adecuadas para solucionar el problema.

De hecho, parecía como si ya diese por perdida a Cataluña. Era un discurso para tranquilizar a sus votantes; con independencia de que estuviera basado en elementos que no se sustentaban en la realidad. La opinión pública internacional está preocupada, ocupamos la primera página de muchos diarios e informativos por los más de ochocientos heridos  y, encima, se ha dado la apariencia de votación. Un absoluto desastre.

El resultado de todo lo anterior es que, además, ha perdido la batalla de la imagen. Es paradójico que un presidente del Gobierno que se encuentra con una convocatoria de una votación que no reúne ningún requisito termine la jornada con la opinión pública censurando su actuación de forma severa.

Rajoy, por su acción e inacción en Cataluña se ha demostrado incapaz para gobernar España. Desde luego que lo es para gestionar los días venideros. No dimitirá, desde luego; al igual que no dimitió por la corrupción del Partido Popular.

Pero Rajoy (y su equipo) es el gran lastre para la solución de los problemas del país, empezando por éste. Porque ¿qué solución da Rajoy para solucionar la crisis catalana? Esto es lo que como Presidente del Gobierno de España se le debe exigir. Hasta ahora no hemos visto ninguna solución. Y, por ello, en el momento adecuado, corresponde que otros activen el procedimiento para impulsar su relevo. Ese momento es más temprano que tarde porque el tiempo no espera.