Religión de oferta obligatoria. El Decreto 9/2018, de 27 de febrero, del Consejo de Gobierno, por el que se modifica el Decreto 52/2015, de 21 de mayo, del Consejo de Gobierno, por el que se establece para la Comunidad de Madrid el currículo del Bachillerato ha dado una vuelta de tuerca inaceptable en la enseñanza de religión en bachillerato.

La religión pasa a ser de oferta obligatoria en Segundo de bachillerato en la Comunidad de Madrid. Amplia de forma injusticada lo que está en la disposición adicional segunda de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación en cuanto a las enseñanzas de Religión, que sólo obliga “en los niveles educativos que corresponda, que será de oferta obligatoria para los centros y de carácter voluntario para los alumnos y alumnas”. Una herencia más del peor ministro de educación de la democracia, Wert, que Cifuentes ha hecho aún peor.

No es un problema ideológico. La religión se enseña en casa o en la iglesia. No se ideológiza con ella. Algún día se entenderá. Las carencias de los estudiantes son considerables en materias básicas que malgastar el tiempo con la religión es un puro disparate. Si alguien es tan amigo de los Informes PISA que vea qué se examina ahí. Desde luego, no entra ninguna religión. No hay más que fijarse lo que ocurre en Francia o Boston (EEUU): la enseñanza de religión no llega a los colegios públicos. Quien quiera que alguien le enseñe religión que vaya a un centro de este tipo. Los poderes públicos no están para esto.

Me gustaría que mis estudiantes de Segundo de grado en derecho tengan formación suficiente en historia, filosofía o matemáticas. Que si sale las Unión Europea sepan quienes la componen y cuál es la causa de su evolución. Que si hablo de Ben Laden en clase sepan qué ocurrió realmente. Que hayan desarrollado habilidades en el discurso oral y escrito, de lo que hoy se carece. Que no pongan faltas de ortografía. Que conozcan y hayan leído a Marx, Kafka, Sartre o Proust. Que sepan hablar en público. Que dispongan de capacidad de análisis. Las horas de docencia en bachillerato no se pueden malgastar en algo que se debe enseñar en casa. No me importan sus condicionantes religiosos.

Hace unos meses una estudiante de primero de bachillerato me trasmitía su frustración por un currículum disparatado que le obligaba a estudiar religión. Hoy es su padre quien hace público su desagrado de entonces y su cabreo de hoy. Quien se queja de la sensación de dirgismo ideológico en la escuela en lugar de ser el lugar para el libre desarrollo de la personalidad, como ordena el artículo 9.2 de la Constitución. Que piensa que este Decreto carece razonabilidad, es arbitrario en un Estado democrático en el que ninguna confesión tiene carácter oficial debido a que se intenta oficializar un credo por la puerta de detrás. No les ponen a todos en la misma situación. No se les permite un desarrollo de su ideología, religión o creencias. No se insiste en que todos los contenidos facultativo sean obligatorios. Solo la religión católica. Un dislate atraído, además, por la facilidad.

La educación pública en Madrid tiene muchos problemas: presupuestos, precariedad laboral, el índice más alto de pago de la educación privada a través de los conciertos, infraestructuras deficientes. un curriculum inadecuado, mayores posibilidades de segregación y la LOMCE, que habría que derogar.

El problema de los años de Gobierno del PP en la educación es este: la instrumentación de los medios públicos de educación para conseguir fines ideológicos que son de naturaleza privada. Inaceptable y que incurre en desviación de poder. Desde la perspectiva de la iglesia católica, parece que es el único modo de retener adeptos.Lo lamentable es que están jugando con la educación de una generación de estudiantes, que van a quedar anclados en una situación que ni en Francia ni en Massachusetts tienen.

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