Rajoy debe dimitir. El Presidente del Gobierno lo es de todos los ciudadanos. De él se puede discrepar, considerar que es una nulidad, señalar las contradicciones de su política, hacer memes de sus dislates. Incluso reirse de las ocurrencias a la hora de hablar, como ha ocurrido tantas veces con Rajoy. Pero uno ha de poder confiar en que no mienta. Un Presidente del Gobierno no puede mentir. Es el límite de lo que puede hacer, de su mal Gobierno. Y en un Tribunal menos que en ningún otro sitio.

Y Rajoy mintió en la Audiencia Nacional. El Ministerio Fiscal no le cree y el Tribunal tampoco. En la página 1078 de la sentencia se puede leer lo siguiente (las negritas son mías):

Sin embargo, lo han negado otros testigos comparecientes: Srs. Arenas, Álvarez Cascos, García Escudero, Rajoy, etc., que afirman la falta de credibilidad de dichos papeles y niegan la existencia una Caja B en el partido. Sin embargo, el MF rebate la veracidad de dichos testimonios, al indicar, – argumentación que comparte el tribunal, que debemos tomar en consideración, a la hora de valorar estas testificales-, lo que significaría reconocer haber recibido estas cantidades, en cuanto que supondría reconocer la percepción de pagos opacos para la Hacienda Pública, que si bien entiende que no son delictivos, pudieran ser considerados por los testigos como merecedores de un reproche social, como también que en caso de reconocer estas percepciones vendrían a admitir la existencia de una “Caja B” en el seno de una formación política a la que pertenecen o han pertenecido; por lo que se pone en cuestión la credibilidad de estos testigos, cuyo testimonio no aparece como suficiente verosímil para rebatir la contundente prueba existente sobre la Caja B del partido. En palabras del MF: “no son suficientemente creíbles estos testigos para rebatir dicha contundente prueba”.

Es lo peor que puede aparecer en la sentencia para el Partido Popular. Incluso más que la propia condena por beneficiarse de la corrupción de Gürtel. Es la constatación, plasmada de forma educada en la sentencia, de que Rajoy mintió en la Audiencia Nacional, a pesar de que, como testigo, tenía obligación de decir la verdad. Se constata que Rajoy, en cuanto testigo, “no es suficientemente creíble”. Da igual por qué lo haya hecho, incluso por credibilidad social o para ocultar la comisión de un delito de financiación ilegal del PP, como ocurriría en este caso.  Es lo de menos.

Obviamente, aquí estaría agravado porque es una falta de credibilidad para eludir la responsabilidad de la corrupción. Es preciso recordar que tampoco se libra el Presidente del Senado, que se encuentra exactamente en las mismas condiciones y que por ello el juicio político es el mismo.

En estas condiciones, Rajoy (y Pío García Escudero) debería dimitir inmediatamente. Pasaría en cualquier país democrático. Hasta el Presidente Richard Nixon dimitió en Estados Unidos por esto:  El 4 de agosto de 1974, un acorralado Nixon reconoció que había tratado de encubrir los hechos relacionados con la entrada al cuartel demócrata. Cuatro días después, renunció. Aquí la mentira en la Audiencia Nacional es para no reconocer Gürtel. O sea, lo mismo.

Y la oposición presentar una Moción de Censura si no lo hace. Usando las palabras de Rubalcaba después de las mentiras del Gobierno del PP tras los atentados del 11 de marzo de 2004, “los ciudadanos españoles se merecen un gobierno que no les mienta, un gobierno que les diga siempre la verdad”. Pura y simplemente esto. Un Presidente que se sepa que dice la verdad. Lo que, de acuerdo con la sentencia de la Audiencia Nacional, no tenemos.