La pregunta de qué es lo que configura las bases de la educación pública se ha de contestar partiendo de dos elementos: la educación en valores y la gestión de los centros educativos, lo que nos lleva al debate de educación en centros públicos o privados (estén o no concertados).

Educación en valores

Posiblemente el aspecto que resulta más relevante para articular un sistema público de la educación está articulado sobre los valores que han de desplegarse en el curriculum del estudiante. Como veremos con posterioridad, no es sólo una cuestión de conocimientos sino también de habilidades.

Los valores republicanos de un Estado social y democrático de derecho son los elementos esenciales sobre los que se ha de articular el contenido de los valores educativos. La desaparición de la “educación para la ciudadanía” ha constituído un déficit muy relevante no sólo sobre el conocimiento de la estructura del Estado y las consecuencias de la integración europea, sino sobre las consecuencias que tiene hablar de democracia, pluralismo político, Estado social y democrático de derecho, libertad, consenso, derechos fundamentales, ética. No son valores primarios, sino que han de ser desarrollados a través de políticas educativas eficaces: es lo que nos permitirá una sociedad más justa, pacífica y democrática. 

Unos elementos que pasan por un conocimiento más profundo de la filosofía, de la literatura y del arte. Recordemos, por ejemplo, el papel tan relevante que podría jugar el conocimiento de la literatura europea en la articulación de una política contra la xenofobia, para proteger los valores europeos y favorecer el conocimiento.

Una ética que en el marco de la educación pública se refiere única y exclusivamente a los valores republicanos. En el curriculum no están bien representados.

Pero, al mismo tiempo, es un problema de conocimientos y de habilidades. Ser un ciudadano de una sociedad democrática supone que se ha de saber leer, escribir y hablar correctamente para la defensa, a través de la palabra, en sus diversas manifestaciones. Disponer de estas habilidades constituye un elemento central de la educación que, también, se encuentra desatendido.

Lo público en la educación: el problema de la gestión

El debate sobre la gestión pública tiene dos vertientes: la puramente presupuestaria y la vinculada a la titularidad de los centros educativos.

Llegar a un presupuesto suficiente para la educación es una obligación de los poderes públicos. Ese 5% que suele marcar la OCDE y del que en España se está lejos. Pero la mera lectura de esta cifra es condición necesaria pero no suficiente; ya que lo que es más relevante es destinarlo de manera que, asignando un mínimo en garantía de calidad, se permita conseguir los objetivos que marcan los artículos 1 (Estado social) y 9 de la Constitución (promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud). Una realidad constitucional que hace que la asignación no pueda ser lineal sino que dependa de las condiciones de los centros y de los lugares en los que estos se ubican

La cuestión de los valores está vinculado al problema de la gestión. Habría que diferenciar si el modelo educativo es de naturaleza pública o privada (porque sus valores son distintos), con independencia de que en los dos casos la financiación sea pública. Yo soy un partidario acérrimo de la educación pública, por todo lo que representa para la consecución de la equidad y la igualdad: “la educación en la igualdad y, por consiguiente, en la defensa de la enseñanza pública. Estoy convencido de que algunos de los grandes países europeos deben su indudable supremacía científica y cultural a la ayuda prestada a la enseñanza pública que ocupa el nivel más importante de todo el sistema educativo. El permitir que el poder económico pueda determinar la calidad de la enseñanza o, lo que es más sarcástico, que el Estado subvencione con dinero público ciertos intereses ideológicos de una buena parte de colegios más o menos elitistas, parece, en principio, no sólo una aberración pedagógica, sino una clamorosa injusticia”. 

Así se expresa en su último libro, “Sobre la educación” (2018), Emilio Lledó sobre el debate educación pública o educación privada, sostenida o no con fondos públicos. Una conclusión que no puede consistir en una eliminación radical de centros sino en la articulación de una política pública para que, por un lado, se construyan centros públicos de calidad y, por el otro, se permita el paso de aquellos que sean de  titularidad privada a la pública. Y desde luego, eliminando todas aquellas situaciones que atenten contra los valores, como podría ser la segregación entre niños y niñas.