Contratación de personal

Contratación de personal

Enero suele ser un mes en el que se decide cuál va a ser la política de contratación de las empresas para la consecución de los objetivos que se planteen. Una cuestión relevante en la medida en que, en el fondo, la empresa será aquello que sus trabajadores reflejen de ella a través de la calidad de su trabajo y su comportamiento.

Una decisión compleja, en consecuencia. Una decisión en la que no basta un genérico “busco trabajador” sino que hace falta concretar con precisión las necesidades de la empresa y el objetivo que se quiere conseguir. Una cuestión que, como se verá, va más allá de las capacitaciones técnicas que se precisen.

Aquí entra una dialéctica doble: funcional y personal. Obviamente, resulta imprescindible atinar los requisitos que se van a exigir. Puede que no sea suficiente un “busco agente comercial” si las características de los productos que se van a poner en el mercado son muy específicos.

Por ello, aquí también los responsables de personas y relaciones laborales de las empresas han de planificar de forma conjunta con el departamento en el que vaya a prestar su servicio la persona. La cualificación ha de ser conveniente ni superior ni inferior a la naturaleza del puesto: el riesgo de frustración o de fracaso es grande.

Lo cual constituye un problema en un país como el nuestro en el que hasta ahora la Formación Profesional ha sido un ámbito del conocimiento poco considerado. Ahora toca que sea una política específica del Ministerio de Educación y Formación Profesional.

Incluso en el ámbito de los graduados superiores la determinación exacta de las necesidades es una cuestión en la que la planificación es de extremada importancia. Este es un problema de gran relevancia, por ejemplo, en la contratación de personal para puestos de especialización jurídica.

No basta con el graduado en derecho. Posiblemente sea conveniente una especialización en un ámbito concreto. Ser un especialista en la Ley 9/2017, de Contratos del Sector Público no es algo que se improvise, por mucho Derecho administrativo que se sepa. Pero al igual que ocurre esto, acaso una hiperespecialización puede ser un hándicap para el desarrollo de la función.

Y, sin duda, en el desarrollo del trabajo aparecerán intangibles que están más allá de las calificaciones: su capacidad de razonamiento y de escritura y de análisis de los problemas. Un perfil de “antiguo opositor” puede ser adecuado (porque presupone un plus sobre los conocimientos generales del graduado), pero, al mismo tiempo, puede que la persona seleccionada no vaya más allá de unos temas que ni siquiera ha sido capaz de memorizar adecuadamente.

Por ello, los periodos de prueba son tan relevantes. ¡cuantas veces nos hemos encontrado con un texto escrito por alguien que no escribe bien, que es farragoso e incapaz de poner las comas en su sitio con lo que la argumentación carece de sentido!

Y, en la misma línea, lo relevante de la política de estabilización del personal. Un problema de país, cuando la temporalidad es uno de los hándicaps de nuestro mercado laboral. En este sentido, es muy relevante la lucha del Gobierno contra los falsos autónomos y contra las sucesiones de contratos para el mismo puesto. Aquí hay que utilizar técnicas variadas, incluso las de la Ley de Contratos del Sector Público.

Pero al mismo tiempo, el periodo de prueba sirve para conocer otros intangibles: su vinculación con los objetivos de la empresa y su conexión con el resto del personal. Ambos constituyen un arma de doble filo.

La conexión personal no debe significar perder la individualidad de la persona ni constituir un freno que le bloquee. No debe suponer hacer pasar al nuevo por una especie de vía crucis para que conozca los códigos internos y no escritos de cada departamento de una empresa.

Por ello, en ocasiones conviene agitar a la plantilla ya establecida; hacerles partícipes de los objetivos de la empresa en proyectos relevantes. El café para todos no es adecuado.

Por todo lo anterior, la decisión que su empresa va a tomar ahora para los próximos meses, consistente en la contratación de nuevo personal debe ser entendido como un elemento de extremada importancia pero que no quita para que se deba considerar como un “primer paso” de una adecuada gestión de las personas y las relaciones laborales de la compañía.

 

 

In memoriam. Virginia Allan (1960-2018)

In memoriam. Virginia Allan (1960-2018)

In memoriam. Virginia Allan (1960-2018)

Virginia tuvo la suerte y la sabiduría de vivir varias vidas, tanto en el ámbito profesional como en el personal y geográfico. Construyó con su esfuerzo cada capítulo de su existencia, disfrutó con intensidad adolescente de los buenos momentos y cerró la puerta de los capítulos acabados con prudencia y elegancia.

Virginia supo labrarse una carrera jurídica sin duda extremadamente destacada, pese al hecho de que ser una mujer inteligente no siempre le benefició. Sin embargo, cuando la evoco mis recuerdos escapan del mundo de la abogacía. A mi mente regresan una y otra vez imágenes de momentos de asueto, de conversación polifónica, de agudas miradas sobre el mundo que nos rodea, que tuve la fortuna de compartir con ella en esta última década.

Como sólo consiguen hacer las personas realmente excepcionales, Virginia no se dejó arrastrar por ese frenesí vital que parece habernos poseído a todos. Ella nunca me transmitió premura o ansiedad. Al contrario, siempre halló tiempo para tomar un café pausado conmigo, para conversar plácidamente, para visitar mi ciudad y escrutarla desde una nueva mirada, para mostrar afecto sincero hacia mi familia. En definitiva, para vivir y dejar huella de esa vivencia en quienes la conocimos. 

En estos momentos rememoro a la lectora exquisita que era Virginia y la imagino con ojos brillantes, disfrutando de cada una de las palabras de esos libros de relatos cortos y de ficción que la acompañaron durante toda su vida. La evoco también sonriendo en plena naturaleza, tras haber dado un largo paseo junto a su fiel compañero Fede, rodeados de sus animales más queridos.

Esta breve semblanza rezuma felicidad. Así recordaré a Virginia siempre.

Breve nota biográfica

Virginia Allan estudió derecho en la Universidad de Arizona (James E. Rogers College of Law) y se colegió como abogado en el estado de Nueva York. Tras ser law clerk del Hon. Roger J. Miner (U.S. Court of Appeals for the Second Circuit, Albany New York), desarrolló una larga y fructífera carrera profesional en España. Fue asociada en Garriges y Shearman & Stearling LLP y posteriormente consejera en Uría Menéndez y Allen & Overy. Durante unos años, compaginó su actividad profesional como abogada, mediadora y árbitro con una plaza de profesora asociada en la Universidad Carlos III de Madrid.

Pepe Vida: un huraño y un hombre competente y bueno

Pepe Vida: un huraño y un hombre competente y bueno

Un huraño y un hombre competente y bueno

Con la muerte de José Vida Soria, Pepe Vida, a los 81 años, se ha ido un trozo de la historia de España. Porque resultaba representativo como pocos de lo mejor de una época, que, con el convencionalismo que es propio de las periodificaciones, podemos ubicar en la segunda mitad del siglo XX, aunque se haya prolongado durante las dos primeras décadas de la centuria actual.

Los datos biográficos son conocidos y apenas procederá su recordatorio somero. Nacido en 1937, en mitad de la guerra civil, y nada menos que en la cruel Granada de García Lorca, orientó sus estudios, a partir de 1954, hacia el Derecho, licenciándose en su ciudad natal y doctorándose en Madrid. Fue Catedrático de Laboral, primero (1970) en Salamanca y desde 1975 en su tierra. En la transición se metió en política, siendo Senador en 1977 (con participación activa en la elaboración de la Constitución, sobre todo en la etapa final, la de la Comisión Mixta de otoño de 1978, cuando los verdaderos autores, el Senador Fernando Abril y el Diputado Alfonso Guerra, se cansaron de estar emboscados entre bambalinas y asumieron el protagonismo directo) y Diputado en 1979. Luego volvió a su alma mater, de la que llegó a ser, sucediendo a Antonio Gallego Morell, nada menos que Rector (1983-1989). A partir de entonces, y aunque no se le quitó el apetito por la actividad pública, se supo recoger en su vida más privada y familiar: le encontró el gusto a eso que Pío Baroja llamaba las horas solitarias. El fallecimiento le llegó el pasado día 3.

 

Representativo (representativo de lo mejor, se insiste) por muchos motivos.

Representativo, en primer lugar, porque en su peripecia convivió una estirpe ilustrada “pata negra” (nieto de Don Jerónimo Vida y Vilches, jurista de primer orden en la época de la restauración y sobre todo propietario del Carmen de la Victoria, hoy el alojamiento con el que la Universidad de Granada agasaja a sus invitados, e hijo del Doctor José Vida Linbán, pediatra muy connotado) y también la tristeza de una sociedad indefensa, donde faltaban los cuidados más elementales: su madre murió pocos días después del parto y su padre antes de que él cumpliera los veinte, quedándose así huérfano a edad tempranísima. Lo más excelso y lo más sórdido: todo en uno.

Representativo, segundo, por haber vivido y estudiado, en los años sesenta, en el franquismo pero también en plena fase de apertura de las mentalidades, nada menos que en el Colegio Mayor César Carlos, en Madrid, que fue, vistas las cosas con la perspectiva de la historia, la gran cantera de las élites funcionantes y académicas de la época, no sólo en materias jurídicas. El viverode la intelectualidad de la transición a la democracia.

Representativo, tercero, de una generación que, a partir de 1975, tuvo la ocurrencia (con ojos de hoy sería algo rayano en la inconsciencia más absoluta) de abandonar sus actividades profesionales para apuntarse en un partido -todo un acto de sacrificio, comparable a las más abnegados- y presentarse en una lista electoral. Y representativo también, una vez que dichas entidades degeneraron y se convirtieron en las caricaturas de sí mismas que hoy son, de lo que esas personas sufrieron estando ahí presas, hasta que finalmente dieron el paso de abandonar. Desengaño es la palabra del barroco. Desencanto, si queremos decirlo con el título de la famosa película de 1976 sobre Leopoldo Panero y su familia.

Representativo, cuarto, de la mezcla nada sencilla entre el compromiso con una determinada sociedad y el despego hacia ella, cuando no la antipatía abierta. Pepe Vida era, sí, un huraño, en el sentido de un desubicado en un entorno al que quería servir pero con el que en muchas ocasiones no se sentía identificado. Ni en el franquismo ni, ay, tampoco en la democracia, en la que en ocasiones vivió, vamos a hablar sin rodeos, como un exiliado interior.

Pero representativo, se insiste, y dentro de tanto complexio oppositorum, de lo mejor. De lo más noble. De lo menos interesado en lo material y en el deseo de apuntarse medallas mediáticas (por no hablar de su mujer e hijos, discretos hasta el límite de la invisibilidad). De lo más coherente intelectualmente: su baja en el partido en el que tan dignamente había militado lo cualifica en el primero de los niveles. De lo más selecto a la hora -dificilísima, por lo que vemos a diario, porque defenderse de los aduladores tiene mucho más mérito que hacerlo de los enemigos encarnizados- de elegir colaboradores: hizo Vicerrector a Juan José Ruiz-Rico y eso lo dice todo. Al lado de tantos méritos, los nada amables repliegues de su carácter, al modo de un Baroja del Genil (río por río, nada que envidiar al Bidasoa), quizá debidos a las carencias de su infancia y juventud, no sólo resultan perdonables -era, además, una persona buena-, sino que sin ellos no habría sido el que fue.

 

Huesos en el jardín, de Mankell

Huesos en el jardín, de Mankell

Título: Huesos en el jardín
Autor: Henning Mankell
Editorial: Tusquets Editores S.A.
Número de páginas: 192
Lanzamiento en castellano: octubre 2013.

Kurt Wallander ya empieza a sentirse mayor y quiere adquirir una vivienda con jardín donde pueda jugar con un perro. Un compañero le propone la adquisición de un inmueble de su familia y en ese momento empieza una historia que pudiera ser considerada surrealista: aparecen unas manos que se corresponden con dos cadáveres… que no son actuales, precisamente. Sólo queda el esqueleto de las dos personas fallecidas, una de ellas en circunstancias violentas.

Precisamente por ello, resulta extraño en la comisaría de Ista que se investigue un crimen tan antiguo. A los problemas burocráticos (y de eficiencia en el gasto) se añade la dificultad de investigar crímenes que podían haberse producido durante la segunda guerra mundial.  No obstante, el empecinamiento de Wallander da pie a que se realice una investigación que da un resultado antiguo y actual a la vez.

Este libro, de escasa extensión, fue publicado originariamente en holandés y quedó para esa lengua. Años después Mankell decidió que se incorporara como el penúltimo de la serie Wallander. Y ciertamente es un libro muy interesante.

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