First year of Donald Trump’s Presidency

First year of Donald Trump’s Presidency

First year of Donald Trump’s Presidency. January 20Th 2017, Donald Trump took office as the 45th President of the United States of America. It is not a long period of time but the feelings are quite different: it seems much longer because of the disaster that the White House is. And, more importantly, it possible to maintain that President Trump and his Cabinet members are implementing a hardline conservative agenda that is quietly reshaping America. He is, right now, changing the social contract of America.

We can summarize the following seven points as the most important hits of Trump’s Presidency from a European point of view:

First, Puerto Rico. Irma and Maria, two Hurricanes brought to the island the most important humanitarian crisis since the beginning of the last century. The response by Trump was disdain, arrogance and lack of concern about the problem. Puerto Rico wanted not only help from the American institutions but also its integration as the 51th state. Again, we can see disdain from the White House. No response. And the worst issue for the island, Trump’s Tax Plan provides a new tax for every good imported from Puerto Rico.

Second, Trump’s decision to exit the Paris Climate Deal, a decision that will be in force next year. This decision exemplified Trump’s environmental policy. Among other issues, in one year, he allowed to build the pipeline from Alaska, fracking’s development and repealed the Obama Climate Action Plan, which cut emissions of polluting gases by the coal sector. One year later, the situation is worse.

Third, Trump´s decision to move the American Embassy in Israel to Jerusalem. A decision that altered the weak balance in this complicated area of the world. Even more, this year, the Economic and Social Commission for Western Asia of the United Nations published the report “Israeli Practices towards the Palestinian People and the Question of Apartheid”. It has no importance for President Trump. He promoted a new entente cordiale between Israel and Saudi Arabia that can be a huge stone in the path to a durable peace in the Middle East.

Fourth, a new very aggressive migratory policy. The wall between Mexico and the US is the cornerstone of this policy. Some days ago, he changed the deportation policy of citizens coming from El Salvador. This policy is complemented with restrictions and offenses to non-white (and poor) communities and in the limitation to access to the US for people coming from Middle East. A huge contradiction with American heritage and the own personal conditions of President Trump and his family.

Fifth, the aggressive policy against North Korea. Is clear that Kim Jun Un is provoking a global crisis. But the response by Trump provoked, also, an increase of the nuclear race in North Korea whose consequences are unclear but dangerous.

Sixth, during this year the United States exited every multilateral forum on free trade: Trans Pacific Partnership or TTIP. Right now, he is renegotiating a new agreement for commercial relationships that should substitute the NAFTA (signed by Clinton with Mexico and Canada in 1995) to the detriment of Mexico. He wants only bilateral agreements where the US was able to impose its supremacy.

Seventh, a new tax policy. New policy thinking of rich people. It is also remarkable are the attempts to derogate Obamacare, the public health policy by the former President so important in a country without any social protection.

Last but not least. Two notes about Donald Trump himself. First, his problematic situation with his companies and economic interests. We can affirm today, that he is in a huge problem of interest conflict and the response of the American institutions are quite different as compared to the past. But interests conflict in a second way: his relations with Russia that is are under scrutiny by a special prosecutor: this one can be cause of a impeachment in the future.

The second one is the feeling of misrule of its government. He needed a long time to have an executive. He rules its Presidency in a personalistic, little thoughtful and very impulsive way. The famous book Fire and Fury: Inside the Trump White House, by Michael Wolff shows a chaotic White House. It shows Trump as an egotistical, angry, uneducated man incapable of exercising reasonably his rule as President.

In my point and view, that book is not for knowing new things about Donald Trump and his Presidency. It is gossip and therefore morbid. But in fact it’s a book that reminds one of The Emperor’s New Clothes, the short tale written by Danish author Hans Christian Andersen. As in this tale, it is a story about the “naked King”, the man who inhabits in the White House. But in that case, it was the imagination of a writer. Nowadays Wolff writes about what he saw and heard in the White House. And that is a problem for the world.

Primer año de Trump

Primer año de Trump

Hace un año que Donald Trump tomó posesión como Presidente de los Estados Unidos. Su discurso de toma de posesión hacía ver que no iba a ser una Presidencia fácil y desde luego está cumpliendo aquello que señaló en su intervención de hace un año.

Un tiempo corto que sin embargo ha pasado muy lentamente, viendo a diario todo lo que ocurría alrededor del Presidente estadounidense. Parece claro que en este año, Trump ha puesto en funcionamiento un cambio del contrato social que ha presidido la sociedad estadounidense en los últimos decenios.

Hay ocho puntos que querría recordar hoy.

En primer lugar, Puerto Rico. La peor crisis humanitaria que ha pasado la isla desde principios del siglo pasado ha sido liquidada con desdén y superioridad por el mandatario estadounidense. Ni ha habido ayuda en cuantías razonables ni se ha dado curso a la petición de integrarse como Estado 51º y, lo que es más grave, la última modificación fiscal aprobada por Trump perjudica especialmente a la isla caribeña. Coste electoral: cero. Los puertorriqueños no votan en las elecciones estadounidenses.

En segundo lugar, el abandono del Pacto contra el cambio climático, que se materializará dentro de un año. Posiblemente, sea el punto más destacado de una política ambiental desastrosa que ha permitido la construcción del oleoducto de Alaska el desarrollo del fraking -que tanto daño está produciendo- o el incremento del consumo de petróleo. Estamos un año después, bastante peor.

En tercer lugar, el cambio de sede de la embajada en Israel, para llevarla a Jerusalén. Una decisión que ha sido seguida por terceros países y que demuestra la nueva política de mano dura contra esta población. Más aún, la entente cordial que parece que tiene con Arabia puede ser el gran rendimiento de su polémico viaje de mediados del año pasado. Con ello, las posibilidades de una paz duradera en Oriente Próximo son cada vez más remotas.

En cuarto lugar, una politica migratoria agresiva; ejemplificada en el muro que está construyendo en la frontera con México y que quiere, además, que pague este país a través de los impuestos a las importaciones. Política migratoria que se ha complementado con restricciones e insultos a comunidades no blancas (y además, de escasos recursos) y en la limitación de entrada de personas que hayan estado en Oriente Próximo. Todo lo cual contradice con el propio desarrollo de los EE.UU. y con sus condiciones personales.

En quinto lugar, una política agresiva contra Corea del Norte que sabemos donde comienza pero no dónde termina ya que ha excitado la aceleración del arsenal militar norcoreano.

En sexto, el abandono de una política comercial global para centrarse en acuerdos bilaterales en los que pueda imponer por la vía de la supremacía sus propias condiciones. Hoy ha parado la negociación del TTIP, se ha salido del TPP y en la actualidad está renegociando un nuevo acuerdo de libre comercio con Canadá y México que altere las condiciones actuales, en detrimento de México. El desarrollo del multilateralismo al bilateralismo parte de una concepción imperial estadounidense, en donde resulta más sencillo imponer sus planteamientos que si tuviera que negociar complejos acuerdos multilaterales. El único que se sigue negociando con la participación estadounidense es el TISA, donde las empresas de servicios pretenden ampliar sustancialmente su cuota de negocio.

En séptimo lugar, una política fiscal egoísta y pensada sólo para las personas que son de su misma extracción social. Lo que ha de complementarse con los intentos de terminar con el Obamacare, la política de seguros médicos para los estadounidenses que está dando frutos importantes.

Y por último, el cambio en el discurso político, alterando la realidad y con poco respeto a las formas democráticas de la crítica política. La continua acusación de fake news a los medios de comunicación y la creación de verdades alternativas para proteger su gestión han sido una constante.

Todo lo anterior se complementa con dos datos del propio Trump y su forma de gobernar: por un lado, que sigue inmerso en un gran conflicto de intereses como consecuencia de la titularidad de su emporio económico. Reglas que están claras para otras presidencias no se están aplicando para el Presidente Trump. Esta sensación de conflicto de intereses tiene una segunda vertiente en lo referente a sus relaciones con Rusia que están siendo objeto de escrutinio por parte del Fiscal Especial.

En segundo lugar, la constante sensación de desgobierno que ha presidido este año. No sólo tardó en conformar su ejecutivo, sino que ha demostrado una forma personalista, poco meditada y muy impulsiva de afrontar los asuntos públicos.

Lo que se describe en el libro Fire and Fury: Inside the Trump White House es sólo una manifestación clara del caos que preside la Casa Blanca. Se percibe un Presidente iracundo, poco reflexivo, ansioso, que se mueve por impulsos y, en el fondo, incapaz de gestionar adecuadamente los asuntos públicos. Es lo que tendremos en la Casa Blanca durante los próximos tres años, salvo que se activen alguno de los dos procedimientos para cesar al Presidente que recoge la Constitución de los Estados Unidos.

Fire and Fury: Inside the Trump White House

Fire and Fury: Inside the Trump White House

Ya está en las librerías estadounidenses y en las virtuales el polémico libro sobre el primer año de Presidencia de los EEUU de Donald Trump: Fire and Fury: Inside the Trump White House, de Michael Wolff. Un libro muy personal en donde se recrean los defectos de Trump y, con ellos, de su Presidencia. ¿Nuevo? Poco.

Que Trump es un soberbio, ególatra, iracundo, inculto e incapaz de ejercer razonablemente su puesto era conocido. Que la estructura que le llevó a la Casa Blanca era poco menos que inexistente, también. Que su falta de conocimiento le llevó a confiar en su hoy criticado Bannon más su unidad familiar; también. Que Bannon y su yerno no se llevaban bien, se rumoreó a menudo. Que el Director del FBI fue despedido, estaba meridianamente claro. Que no esperaba ganar, era previsible teniendo en cuenta las encuestas. Que sus relaciones conyugales no son convencionales tampoco es una novedad, como tampoco lo es que es un mujeriego y que tenga episodios de acoso. Y que hay detalles grotescos sobre Trump, es lógico teniendo en cuenta su personalidad y sus hábitos conocidos, empezando por su dieta, pasando por su coquetería y terminando por su pasión por los medios audiovisuales y el teléfono móvil, su único contacto con el mundo real. Y entonces, ¿por qué está aparentemente tan preocupado, como para intentar evitar la publicación del libro?

Posiblemente porque, como en el cuento del Rey desnudo, alguien que ha estado en las entrañas del ala oeste de La Casa Blanca ha exteriorizado a través de las anécdotas que narra, que el Presidente está totalmente desnudo: ni tiene capacidad, ni estudia, ni planifica. Actúa por impulsos y en beneficio propio, como se ha visto en la reforma fiscal..  Y, además, hay muchas posibilidades de que no agote el mandato como consecuencia de un impeachment provocado por las relaciones con Rusia. Algo en lo que propio Bannon está de acuerdo.

La desnudez de Trump es la constatación de la debilidad actual de los EEUU. La nota de prensa de hoy de Breitbart, alabando el año de Trump como si hubiera resuelto todos los problemas del país, es un intento vano de ir en contra del sentido del libro. Al igual que la que ha publicado Bannon. Debilidad de Trump que se puede ver en cómo ha caído en los brazos del establishment del Partido Republicano.

Nada de lo anterior tienen que significar necesariamente que algo vaya a cambiar en los próximos tres años o que los demócratas tengan más opciones en las elecciones de este año o en las presidenciales de 2020. Tienen que empezar armando un proyecto y disponer de una candidatura eficaz, en la que Sanders y Warren parece que juegan con ventaja.  Porque, no nos engañemos, este libro crítico con Trump no llegará a las manos de la mayoría de sus votantes, que lo consideran fake news. Las últimas encuestas siguen situándole con una amplia desaprobación, pero en el caso Trump no se sabe qué valor real tiene, teniendo en cuenta además las peculiaridades del sistema electoral estadounidense.

Este artículo fue publicado en la edición española del Huffington Post

 

 

Trump y Jerusalén

Trump y Jerusalén

Trump y Jerusalén. La decisión del Presidente de los EE.UU. Donald Trump de trasladar la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén y reconocer, en consecuencia, que dicha ciudad es la capital de Israel constituye un acto de indudable transcendencia para la paz en Oriente Próximo. Y todo ello a pesar de que fuera una propuesta que tenía en la campaña electoral y de que su vinculación con ciertos círculos del lobby judío hacía previsible que se ejecutara. Es, tal como recordaba Luz Gómez en El PAIS, la continuación de las 67 palabras de la Declaración Balfour, de apoyo británico al proyecto sionista.

Balfour's Declaration

La decisión constituye pasar por encima de una ilegalidad: la aceptación de que todo Jerusalén es territorio israelita. Es una idea que ha sido recalcada por la Resolución 478 del Consejo de Seguridad de la ONU, que  condenó la Ley israelí que decretó la anexión de Jerusalén Oriental en 1980. En efecto, todo apartamiento de la “línea verde” de paz trazada en 1967, entrañaba, de hecho, una anexión de parte del territorio palestino y, además, afectaba a la vida de diversas comunidades, que quedaban separadas de su entorno. Hoy todo Jerusalén está ilegalmente bajo dominio de Israel y las consecuencias son dramáticas desde todo punto de vista, geopolíticas y humanas.

En segundo lugar, desde un punto de vista geopolítico, la decisión norteamericana de avalar un hecho ilícito como es la ocupación israelí de Jerusalén constituye un freno casi irreparable para articular una paz duradera en Oriente Próximo, pues este debe concluir con el establecimiento de unas fronteras  convenidas y seguras  entre Israel y el futuro Estado palestino. A cuyo fin ha de lograrse el cumplimiento de la “hoja de ruta” firmada por las partes en 1993 para alcanzar  una solución definitiva, justa y negociada, con base en los principios de las Resoluciones de las Resoluciones 242 y 338, 1397 y 1515 del Consejo de Seguridad de la ONU) y en el de “tierra a cambio de paz”. Recordemos que en aquel momento Israel se comprometió a decidir el futuro de Jerusalén en el marco de los acuerdos de paz. En aquel momento, el rey de Jordania recordaba que el status jurídico de Jerusalén es “crucial para llegar a la paz y a la estabilidad en la región y en el mundo”.

Como cosecuencia de lo anterior, este es el marco de la negociación aceptado por la Comunidad internacional y que puede permitir tanto la creación de un Estado palestino, viable, pacífico y soberano como la seguridad de Israel, que no es otra que la que se deriva de la paz con sus vecinos. Y esto es lo que Trump liquidó ayer, junto con el papel mediador de los EE.UU. en la región.

Roberto Mesa publicó un libro en 1994, Palestina y la Paz en Oriente Medio, cuyo mismo título expresa una idea que se reitera en sus párrafos finales: que el examen de los hechos, desde 1947 hasta los acuerdos de 1993, confirma “que el corazón de Oriente Medio era y es Palestina “. Lo que supone, como agrega seguidamente, que en las múltiples acciones de Estados e instancias internacionales en ese periodo existe otra constante: que “la solución justa y duradera pasa indefectiblemente por una solución global para toda la región, para todo el Oriente Medio” y su punto central es el arreglo de la cuestión palestina y las relaciones de un Estado palestino con el Estado de Israel.

En tercer lugar, supone despreciar (porque estoy seguro que Trump la conoce perfectamente) la situación de los palestinos en Jerusalén. Es una situación dramática que provocó un informe de la Economic and Social Commission for Wester Asia de la Organización para las Naciones Unidas  titulado “Israeli Practices towards the Palestinian People and the Question of Apartheid”, en donde analiza las condiciones de vida en Israel y los territorios ocupados del pueblo palestino. El Informe concluye que “Israel ha instaurado un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto”.

Sucintamente, esta situación de apartheid contra los palestinos se puede resumir en que Israel ha creado un ordenamiento jurídico que se aplica a los 300.000 palestinos que viven en la ciudad de Jerusalén y que permite la expulsión de sus hogares, y que les discrimina en el acceso a la educación, la salud, empleo, residencia y acceso a la vivienda. Asimismo, la configuración de las áreas palestinas minusvalora el peso de su población a los efectos electorales y les impide articular una lucha política contra esta situación.

En cuarto lugar, la reunión de la Liga Arabe del próximo sábado puede ser un buen botón de muestra del apoyo palestino, aunque los indicios no son muy alaguüeños en el marco de las tensiones internas que tiene el mundo árabe.

En quinto lugar, conviene plantearse qué ha hecho Europa sobre esta cuestión. No es un problema teórico sino práctico, ya que la responsabilidad es de todos y para todos y no solo de las partes en el conflicto. Salvo error por mi parte, sólo el Gobierno francés se ha pronunciado radicalmente en contra. Sólo una posición europea fuerte puede servir de contrapeso para el apoyo estadounidense a Israel. Una posición que contrasta con el hecho de que la Unión Europea es el mayor donante en Palestina, pues su ayuda representa el 60% de la que reciben y está destinada a la Autoridad Palestina, a la reconstrucción económica y, a través de una Agencia de las N.U., a los refugiados palestinos, más de tres millones de personas en penosas condiciones.

Es difícil pensar que tras los estadounidenses no haya más países que trasladen su embajada a Jerusalén. Esperemos que España no se encuentre entre ellos. Con ello, pese a la ilegalidad que supone que todo el territorio de la ciudad esté bajo poder israelí, de facto acabará siendo la capital de Israel. Esta no es sólo una batalla religiosa sino de control del territorio y da la sensación de que Israel está un paso más cerca de ganarla con el efecto integrado del respaldo estadounidense, el muro que se ha venido construyendo y una política agresiva de asentamientos desde 1979. Una capital en la que convivirá con una situación de apartheid e ilegalidad internacional.

Hamás ha llamado a la tercera intifada. Es la misma reacción tras el abandono del proceso de paz por Israel en los años noventa del siglo pasado. En aquel momento presenciamos, como reacción, el segundo levantamiento del pueblo palestino, la intifada de la Plaza de las Mezquitas.  Y más tarde, con horror, la violenta represión del Ejército israelí y su cortejo de muertes en tantos lugares de Gaza y Cisjordania. Lamentablemente parece que la historia se repetirá.

 

Este artículo ha sido publicado originariamente en Agenda Pública

Constitución en tiempos del terrorismo

Constitución en tiempos del terrorismo

Una guerra sin igual: La Constitución en los tiempos del terrorismo. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 han planteado de forma intensa un interrogante esencial al discurso político: la conexión entre los derechos fundamentales y el uso del poder por parte del Estado para acabar con la amenaza terrorista. Es un debate que, en el fondo, siempre ha existido (véase lo ocurrido con la denominada guerra sucia contra ETA que se comenzó a desarrollar en el franquismo y que continuó durante muchos años de democracia) pero que, a partir de aquella fecha, se ha incrementado de forma muy considerable.

Como es conocido, a partir del 11 de septiembre de 2001 los Estados Unidos desarrollaron un conjunto de actuaciones contra el terrorismo con un escaso respeto a los derechos fundamentales. El epílogo al libro que escribí con Miguel Beltrán Las sentencias básicas del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América explica la situación de forma clara.

Pasada la penosa experiencia de la Presidencia de George W. Bush y la que ilusionó tanto de Barak Obama, la situación no ha cambiado demasiado. Es precisamente lo que se explica en el libro de Owen Fiss que estoy recomendando. Es una explicación desgarrada de cómo las reglas básicas del Derecho constitucional estadounidense se voltearon en aras de la lucha contra el terrorismo. Entre ellos, el principio de responsabilidad de los gobernantes, ya que toda la acción contra el terrorismo se ha pretendido que esté exenta de control judicial, violando lo señalado en la emblemática sentencia Marbury de 1803.

Desde fuera lo podemos ver como que fue, y sigue siendo, el problema de Guantánamo. Es, fue, el problema de la base de Bragram y de las otras instalaciones fuera de los EE.UU. utilizadas para  la tortura de todos aquellos que luchaban en las contiendas. Lo podemos vincular, incluso, a la reciente prohibición impuesta por el Presidente Trump de entrada en territorio estadounidense a aquellos que hayan estado en Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia, Yemen e Irak.

Pero es la cuestión de cómo las propias garantías constitucionales se han alterado a lo largo de los años para los propios estadounidenses que vivan en su territorio. La reciente sentencia Ashcroft v. Abbasi muestra las limitaciones del Derecho constitucional estadounidense en el análisis de la actuación posterior a los atentados del 11 de septiembre. Podría haber sido el mecanismo para analizar un periodo de pérdida de derechos, como consecuencia de la promulgación de la Usa Patriot Act (singular acrónimo de Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism Act).

Dworkin alertó de que “amplía enormemente el poder del Gobierno de realizar investigaciones secretas de los domicilios de los ciudadanos, habilita al Fiscal General para detener libremente y sin motivo a extranjeros que considere una “amenaza”, otorga facultades al  Gobierno para requerir copias de los libros adquiridos o  consultados en las librerías o bibliotecas, y le permite incrementar la vigilancia en muchos otros ámbitos”. En definitiva, a través de esta norma se produjo en la sociedad norteamericana un cambio en el equilibrio entre la libertad y la seguridad.

Paradójicamente en un país tan litigante como los EEUU, pocos asuntos han analizado aspectos concretos de lo ocurrido tras el 11S. De no hecho, no se ha entrado nunca en el enjuiciamiento de las ocupaciones militares de Afganistán ni de Iraq. Ni, evidentemente, se refieren a las torturas y malos tratos que las tropas americanas cometían sobre los prisioneros iraquíes en la prision de Bagram o en Diego García. Acaso se recuerden Los casos Hamdi v. Rumsfeld, Rumsfeld v. Padilla y Rasul v. Bush enjuiciaron algunas actuaciones militares llevadas a cabo por los Estados Unidos en su propio territorio y en  Afganistán e Irak. Pero poco más ha habido.

Es sintomático de que no es una cuestión cerrada ni asumida, posiblemente por el daño ocasionado, los errores cometidos y la dificultad de analizarla sin creer que se atenta contra la Nación. La imposibilidad de Obama en cerrar Guantánamo o las propias condiciones de la muerte de Bin Laden -bajo su presidencia- son expresivas de cómo se mueve la sociedad estadounidense en la actualidad, de cómo actúan los Tribunales de Justicia y las autoridades políticas y administrativas. Y esto es precisamente lo que se analiza en el libro de Owen Fiss.

La lucha contra el terrorismo es global. Las organizaciones que están sembrando el terror, Al Qaeda y Estado Islámico, están intentado globalizar el terror como vía para la consecución de los objetivos. Una técnica que ya conocemos en España cuando ETA socializaba el terror. Hoy sin embargo, hay un cambio importante: Londres, Berlín, Niza, Barcelona están entre sus objetivos. Pero también Filipinas, Indonesia, Bagdad, Karachi o Maiduguri. Y todo en tarifa low cost que ni siquiera exige la adquisición de explosivos en las profundidades del deep internet.

Esta capacidad de difundir el terror en todo el mundo es parte de una aparente fortaleza pero no puede conducir a que además de la pérdida de seguridad, la pérdida de derechos resulte insoportable. Y debe conducir a la reflexión.

Sobre todo, si recordamos que la primera vez que se armó a los mujaidines que luego constituyeron Al Qaeda se debe imputar al consejo de Zbigniew Brzezinsk al Presidente Jimmy  Carter en 1979, como una trampa que provocara la invasión soviética de Afganistán. Un acto que, cuando se le entrevistó en 1998, no lo consideró un error a pesar de que ya entonces se consideraba a estos grupos como la gran amenaza para la seguridad de Occidente. En aquel momento, el fin justificaba los medios aunque los medios fuesen tan inestables que se transformaron en lo que es hoy. Pasaron luego a ser guerrilleros de la libertad en la presidencia de Reagan… Después del 11 de septiembre la opinión fue otra.

Brzezinski Nouvel Observateur

Pero lo más relevante es entender que éste no es un problema de endurecer el Código Penal como ha insinuado Rajoy después de los atentados de Barcelona. Es el problema de analizar las causas que llevan a alistarse en grupos terroristas, incluso al hijo de la Tomasa, el español que está en el vídeo de Daesh. Un análisis que está lejos de producirse y que sin embargo podría ser mucho más beneficioso que pérdidas de derechos.

Francia lleva en estado de emergencia desde 2015. ¿Contribuye decisivamente a que no haya atentados terroristas? El atentado con un camión del Paseo de los Ingleses de Niza del 14 de julio de 2016 se produjo precisamente bajo el Estado de excepción. ¿Incrementamos la dureza del Código penal cuando muchos terroristas se van a inmolar? ¿No sería más eficaz dejar de vender armas a nuestros amigos saudíes o sirios? ¿Buscar un desarrollo económico que elimine las causas sociales que permiten el desarrollo sencillo de organizaciones? El decálogo contra el ISIS de Luz Gómez ofrece alguna complicada alternativa diferente del uso de la fuerza y el olvido del Derecho. Es una cuestión sobre la que no se ha producido el debate público sereno, sin criminalizar la opinión contraria que la gravedad de la situación merece.

Cabe pensar, empleando una frase de Roberto Mesa en sus “Pórticos del nuevo milenio” , que en este momento, “no venimos de un pasado glorioso y, por si fuera poco, nos encontramos ante un futuro radicalmente incierto”. Pero en este futuro “hoy, más que nunca, se impone el retorno a las viejas utopías aún pendientes de materialización. Entre ellas, la ideología de los derechos humanos, tan torpemente manipulados durante la Guerra Fría y tan incompletamente leídos en el pasado. El reto es, actualmente, la universalidad de los derechos humanos y la afirmación de que no existen prioridades, y mucho menos aplazamientos en su disfrute. Que no hay especificidades culturales que justifiquen su violación. Que los condenados de la tierra no quieren, una vez más, paternalismos a cambio de la ausencia de libertades. Frente a la tortura todos somos iguales y ante la muerte todos somos mortales. No hay plazos, ni tampoco excusas arteramente culturalistas, para negar a una gran porción de la Humanidad el disfrute de los bienes terrenales y también de los celestiales. La familia del género humano es única.”

Mientras, con la esperanza de que no caigamos en los mismos defectos de los estadounidenses, conviene leer Una guerra sin igual: La Constitución en los tiempos del terrorismo, de Owen Fiss, Profesor de la Universidad de Yale.

Es un libro, como señala el prologuista improbable. La recopilación de artículos que recoge son de una persona que no había escrito hasta entonces sobre esta materia pero que se ve atrapado como jurista en la observación diaria pérdida constante de garantías en los Estados Unidos como consecuencia de las actuaciones del Gobierno Bush. Encarcelamientos sin juicio, tortura y entrega extrajudicial, criminalización del discurso político, escuchas sin autorización judicial y asesinato selectivo de supuestos terroristas son los títulos de los capítulos de la segunda parte del libro. Su mero planteamiento hace que merezca la pena su lectura.

 

Una guerra sin igual: La Constitución en los tiempos del terrorismo, de Owen Fiss

Editor y Prologuista: Trevor Sutton

Traductora: Francisca Pou Giménez

ISBN:9788491231868
Editorial: Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales
Fecha de la edición:2017
Lugar de la edición: Madrid. España
Colección: Teoría Constitucional y Derecho
Encuadernación: Rústica
Medidas: 24 cm
Nº Pág.: 277
Idiomas: Español

Primeras páginas

NAFTA: Empieza la renegociación entre Canadá, EE.UU. y México

NAFTA: Empieza la renegociación entre Canadá, EE.UU. y México

Hoy, miércoles 16 de agosto, comenzarán en Washington las conversaciones para la renegociación del NAFTA entre Canada, EEUU y México.Están previstas siete rondas negociadoras y el deseo, un tanto optimista, de que pueda estar concluido a finales de año.

Este es uno de los objetivos de Trump desde que lanzó su candidatura es su modificación ya que considera que resulta perjudicial a los intereses estadounidenses. Una realidad que si observamos únicamente la balanza comercial entre los tres países no deja de ser cierta, especialmente en el caso mexicano. Cuestión diferente es que hay algo más en estos tratados y que es complicado que la balanza sea inversa teniendo en cuenta la fortaleza de ambas economías.

 

Posiblemente, desde la perspectiva estadounidense la gráfica que más preocupe sea ésta, donde se refleja la evolución del comercio de bienes entre ambos países.


El NAFTA o TLCAN es el tratado de libre comercio que se suscribió en 1994, después de una negociación llevada por dirigentes consevadores y muy favorables al libre comercio en los tres países. Una situación que hoy no se da; particularmente por el inquilino de La Casa Blanca.

Esencialmente la renegociación es complicada porque EEUU quiere cambiar muchos aspectos, algo a lo que sus dos socios no están muy propensos. No solo es un problema de cantidad de los cambios sino también de su intensidad.

Así, EEUU quiere eliminar el sistema de paneles para revisar las decisiones de las respectivas administraciones que puedan beneficiar a sus productores. El sistema no es arbitral como el del TTIP o CETA pero supone la separación de la justicia ordinaria de estas medidas. Es de nuevo el riesgo de nacionalidad de las decisiones judiciales que está en la base de los arbitrajes de inversiones. Canadá, que ha salido tradicionalmente negociada, lo considera una línea roja; especialmente ahora que se ha de analizar el incremento de los aranceles a los derivados de madera para construcción en un 27%. Para México no hay tampoco lugar para el cambio.

Para los EEUU, Canadá plantea otro problema con el sistema de protección de sus ganaderos con precios fijos y cuotas de producción que impide que entre la leche de Wisconsin. Es uno de los aspectos que más preocupa a Trump. Este es un problema que tiene aspectos parecidos al debate sobre las denominaciones de origen del TTIP en donde las posturas son totalmente diferentes.

En relación con México el problema es otro. La deslocalización de actividades hacia Este país deriva del bajo coste de la hora de trabajo, inferior incluso a la que se está pagando en China 3.6$ frente a 2.1$). Una medida que no solo provoca problemas (más aparentes que reales) a las zonas productoras de coches de EEUU sino también a Puerto Rico, que perdió parte de sus ventajas comparativas cuando se aprobo el Tratado. De ahí deriva el interés de Trump en incluir un capítulo de clauSulas sociales.

Obviamente, para México esto supondría la pérdida de su condición de país exportador, aunque sea en condiciones que impiden la adquisición de productos por sus nacionales. Y puede significar la pérdida de posición en las negociaciones con la Unión Europea.

U al mismo tiempo reaparece una de las cuestiones que tanto se discutieron durante la negociación del TPP: el fortalecimiento de las reglas de propiedad intelectual para proteger a las industrias farmacéuticas a través de una ampliación de los plazos de patentes.

Como se puede apreciar, es un proceso renegociador planteado por los EEUU para cambiar aspectos del NAFTA que no resulta satisfactorio para la Administración Trump. Por ello, el primer paso para ellos sería romper la pinza que pueden plantear los otros dos socios. La dureza negociadora que se supone a los representantes de los EEUU -derivada de su experiencia en el sector privado adquiriendo empresas quebradas- no parece que sea la más oportuna para conseguir el objetivo de finalizar las nefociaciones al comienzo de 2018, después de las siete rondas negociadoras previstas. De hecho, mientras los canadienses han mantenido numerosas conversaciones con autoridades estadounidenses con el fin de acercar posturas, en México se ha cometido el error de centrar todo en Trump -y sus tweets – y la negativa a hablar con el, constituye una manifestación de debilidad.

Hay, es cierto, un riesgo de ruptura del NAFTA en su composición actual. Es más sencillo que dos países de niveles equivalentes de desarrollo se pongan de acuerdo. El pragmatismo de Trudeau es importante en esta negociación, teniendo en cuenta que el 75% de las exhortaciones canaxienses terminan en los EEUU. De hecho las relaciones personales son cordiales.

Para México la negociación será por ello especialmente complicada, dado que el riesgo que hay para ellos es superior por su dependencia de los EE.UU. Y todo ello con la construcción del muro en perspectiva y el interés de Trump de que indirectamente (a través de impuestos a la importación) lo paguen los mexicanos.

En todo caso, el proceso que comienza en Washington el día 16 es muy relevante y por ello las negociaciones serán complejas, con todas las escenografías posibles. Especialmente porque se trata de determinar quién es el que obtiene más ventajas para los próximos años. La ruptura es un horizonte complejo por la interpelación que hay entre las tres economías. Y desde luego, el que aparentemente juega con peores cartas es México, cuyo poder exportador depende en buena medida del NAFTA

De hecho, el fracasado TPP puede ser un punto en el que pueden ponerse de acuerdo los tres miembros del NAFTA. Algunos de los aspectos controvertidos hoy -como energía o propiedad intelectual- fueron acordados entonces. Octubre será, previsiblemente, cuando salgan los aspectos más conflictivos y, por ello, cuando se pueda conocer si el riesgo de ruptura es más aparente que real.

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