Brown v. Board of Education of Topeka: una sentencia revolucionaria

Brown v. Board of Education of Topeka: una sentencia revolucionaria

Brown, una sentencia revolucionaria. Ha fallecido Linda Brown. Posiblemente no le suene pero la demanda que presentó su padre contra la inadmisión en el colegio por ser de raza negra supuso la revolución más importante desde el punto de vista jurídico en la situación de los negros en los EE.UU.

Fue la sentencia Brown v. Board of Education of Topeka, que concluye así: “Concluimos que en el campo de la enseñanza pública no tiene cabida la doctrina «separados pero iguales». Un sistema con escuelas separadas es intrínsecamente desigualitario”. Una regla sobre la que se debería pensar en cualquier ámbito de la educación, también cuando se separa entre niños y niñas.

 

Brown v. Board of Education of Topeka

Linda Brown en la puerta del Sumner School de Kansas donde la inadmitieron por ser negra

Reproduzco, para la ocasión, la presentación de la sentencia que hicimos Miguel Beltrán y yo en Las sentencias básicas del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América

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Votada el 17 de mayo de 1954 por unanimidad (nueve a cero).

Ponente: Chief Justice Earl Warren.

Votaron a favor los jueces Douglas, Black, Reed, Frankfurter, Jackson, Burton, Minton y Clark.

BROWN V. BOARD OF EDUCATION OF TOPEKA (Traducción al castellano)

Brown v. Board of Education of Topeka (versión en inglés)

Posiblemente nos encontremos ante la sentencia del Tribunal Supremo norteamericano que más ha afectado la vida de los ciudadanos de aquél país, en la medida en que fue el primer paso para la eliminación de la discriminación racial. Criticada en su momento, y de complicada aplicación práctica por las resistencias habidas, hoy ocupa un lugar básico en la historia del Derecho constitucional estadounidense (y en la historia de los Estados Unidos). Lo expresó Alexander Bickel en estas palabras: «Brown was the beginning». Se trata, pese a su importancia, de una sentencia bastante breve, a la que hoy, si alguien le reprocha algo, es que quien la redactó no tenía las dotes literarias de Holmes o de Cardozo. Más allá de ello, en esta sentencia nos encontramos ante la Constitución en sentido puro.

La doctrina segregacionista que se exterioriza en el principio de «separados pero iguales» obtuvo su respaldo constitucional en la sentencia Plessy v. Ferguson (1896), con el número 5 de este libro. Sin embargo, desde comienzos del siglo xx se empezó tímidamente a emprender actuaciones cuyo objetivo era eliminar todas las modalidades de discriminación por razón de raza. Así, en 1910 se creó la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP). El esfuerzo bélico de la segunda guerra mundial tuvo un peso decisivo, por la eliminación de la discriminación en las fuerzas armadas norteamericanas -por lo menos formalmente-. A partir de entonces se produjo un impulso importantísimo en esta dirección, en la que el Tribunal Supremo fue dando pequeños pasos que allanaron el camino para Brown.

En este sentido ha de recordarse la nota cuatro de la sentencia United States v. Carolene Products Co. (1938), o la sentencia Mitchell v. United States (1941), que anuló la negativa a proporcionar una litera en un tren a un ciudadano de raza negra, lo que se consideró una violación del comercio interestatal. No obstante, la educación seguía siendo un elemento central de la discriminación racial. Ello hizo que desde la finalización de la segunda guerra mundial, la NAACP lo transformara en el eje de su lucha.

En efecto, la sentencia Brown no se dictó en el vacío: existían algunos precedentes en los que el Tribunal Supremo, resolviendo recursos interpuestos por la NAACP, había tenido que pronunciarse sobre la discriminación racial. Por ejemplo en las relaciones entre particulares. Era habitual que los propietarios de viviendas se negasen a alquilarlas a negros, o que al comprar la vivienda se comprometiesen con el vendedor a no revenderla o alquilarla a un negro. Estas cláusulas contractuales estaban tan arraigadas que se les dio el nombre de racially restrictive covenants (cláusulas restrictivas desde el punto de vista racial). En Buchanan v. Warley (1917) el Tribunal Supremo declaró inconstitucional una ordenanza local que prohibía a personas de una determinada raza (ya fuesen blancos o negros) ocupar locales o viviendas en un edificio o en una zona habitada mayoritariamente por personas de otra raza. El Tribunal Supremo dijo que ciertamente el poder público podía limitar el derecho del vendedor (blanco) a disponer de su propiedad, pero no por motivos raciales. Esta parcial apertura a la integración racial en las relaciones contractuales privadas se vio truncada en Corrigan v. Buckley (1926): el Tribunal Supremo, argumentando que las enmiendas 5.ª y 14.ª sólo se aplican a los poderes públicos y por consiguiente no prohíben a los particulares establecer contratos discriminatorios (no había pues state action), dijo que no era un asunto constitucional y dio validez a la cláusula restrictiva. Pero en Shelley v. Kramer (1948) se puso fin a esta jurisprudencia: si un contrato discriminatorio llega a los tribunales (por ejemplo para que una de las partes reclame la ejecución forzosa de la cláusula discriminatoria), entonces ya no es un asunto entre particulares sino una cuestión en la que es el poder público quien interviene. Aparece en ese momento la state action (y la prohibición de discriminación de las enmiendas 5.ª y 14.ª). Bilbao Ubillos (Los derechos… p. 90) señala que ya entonces autorizados autores (Herbert Wechsler) acusaron al Tribunal Supremo de activismo, por considerar la ejecución de un contrato privado una discriminación del poder público contra una de las partes[1].

Sweatt v. Painter (1950) y McLaurin v. Oklahoma State Board of Regents for Higher Education (1950), dictadas el mismo día, fueron el preludio de Brown. La primera dijo que la creación en Texas de una Facultad de Derecho sólo para negros era discriminatoria, y la segunda que la decisión de la Universidad de Oklahoma de admitir a un estudiante negro pero separándole de los demás era inconstitucional. Puede que los jueces no tuvieran demasiada conciencia de lo que representaba la discriminación, pero sí sabían lo que era una Facultad de Derecho.

Esta era la situación cuando en el año 1952 el Tribunal Supremo admitió a trámite cuatro asuntos sobre la segregación racial en las escuelas. De modo que el primer y más importante paso para Brown no lo dio Marshall sino que lo dio el Tribunal presidido por el Chief Justice Fred M. Vinson, fallecido en 1953. Esta que se traduce ahora es la más célebre de las cuatro sentencias que se dictaron, ya que afectaba a una discriminación racial en el Estado de Kansas, tradicionalmente racista. Las otras fueron Briggs v. Elliot (para Carolina del Sur), Davis v. County School Board of Prince Edward County (para Virginia) y Gebhart v. Belton (para Delaware). En todos estos casos, aunque tenían sus peculiaridades, el problema era el mismo: la constitucionalidad de la separación entre blancos y negros en el sistema educativo.

Como era de esperar, no resultó sencillo declarar inconstitucional la discriminación en las escuelas, y hacerlo por unanimidad[2]. La vista se produjo en diciembre de 1952, antes de la llegada de Warren al Tribunal. El juez Jackson había encargado a sus letrados un dossier, y en él se abogaba por rechazar el recurso, diciendo que la segregación racial no era contraria a la Constitución[3]. Pero en septiembre de 1953, cuando se iba a votar la sentencia, falleció el Chief Justice Fred M. Vinson. En diciembre de ese año, ya con Warren incorporado (lo cual no gustó a los defensores de los derechos civiles), se volvió a debatir la sentencia. Warren puso todo su empeño en ello, redactando incluso la resolución no sólo para que se anulara la segregación racial sino para que el fallo fuera unánime.

Sin lugar a dudas, la sentencia que ahora presentamos, Brown v. Board of Education (1954) es una de las más relevantes en la historia del Tribunal Supremo. Y quienes la dictaron eran plenamente conscientes de ello[4]. Su trascendencia afectó no sólo al problema que estaba planteado, la segregación racial en los colegios, sino al propio devenir del Tribunal Warren. En efecto, si no hubiese tenido éxito en este asunto resultaría dudoso que la trayectoria del Tribunal se hubiera podido desarrollar en los términos en los que lo hizo, pasando a la historia como un gran defensor de los derechos fundamentales y una determinada visión progresista de política social en los Estados Unidos.

El problema consistía en la constitucionalidad de la segregación racial en los colegios, básicamente en los estados del Sur. Expuesta la cuestión en términos jurídicos, se trataba de determinar si la doctrina que se había establecido en la sentencia Plessy v. Ferguson (1896) -número 5 de este libro-, que se puede resumir en la conocida expresión «separados pero iguales», resultaba conforme con la Constitución, y en particular, con la 14.ª enmienda. La declaración de inconstitucionalidad de la segregación y la anulación de la inmoral doctrina de Plessy tuvo, desde el punto de vista político, una trascendencia enorme en la opinión pública, manifestado en una furibunda oposición de la mayoría de los blancos del Sur[5] y de los políticos del Sur[6]. El Tribunal quiso que los efectos de la sentencia fueran revolucionarios: las constataciones de tipo psicológico que realiza (y que le llevan a afirmar que la educación segregada suponía la inferioridad de los individuos de raza negra) sólo se pueden entender como un mecanismo para darle alcance general a la nueva doctrina, de tal manera que se puede considerar que constituye un ejemplo de resolución judicial con efectos casi legislativos.

Como decía Alexander Bickel, Brown constituyó un punto de partida, no de llegada. En la sentencia conocida como Brown II, dictada en 1955, el Tribunal Supremo dijo que debían ser los Tribunales inferiores quienes se encargaran de extraer las consecuencias de esta resolución. Las consecuencias, las medidas de ejecución, debían ser lo más expeditivas y rápidas posibles («with all deliberate speed»), aunque se podía dar un plazo adicional en los casos en los que se pudiera demostrar la imposibilidad de una ejecución inmediata. En esta época, el Tribunal Supremo sólo pronunció otra resolución sobre este problema (Cooper v. Aaron, 1958), en donde hizo frente a la negativa del Estado de Arkansas de cumplir el mandato de Brown y de integrar a los niños negros en colegios. Para obligar a las autoridades a ejecutar la sentencia el Presidente Eisenhovver tuvo que enviar tropas. En Griffin v. Prince Edward County (1964) el Tribunal Supremo anuló las subvenciones que las autoridades de un Condado de Virginia habían otorgado a los colegios privados (tras cerrar los colegios públicos cerrados para evitar que se juntaran blancos y negros). Ello condujo a que el Tribunal autorizase a los jueces federales a reasignar recursos con el fin de volver a abrir los colegios públicos[7].

Tras estos casos, la prohibición de segregación racial se tue extendiendo a esferas que tío entraban dentro de la educación, tales como playas, autobuses -justo cuando se produjo el motín de los Autobuses en Montgonery (Alabama) iniciado por Rosa Parks-, parques o, incluso, campos de golf[8]. De lo que se trataba era de impedir cualquier atisbo de tratamiento diferenciado para blancos y para negros que pudiera hacer suponer la inferioridad de los ciudadanos estos.

Con ello no se cerraba el problema sino que se abría uno nuevo, que encontró la respuesta del Tribunal a finales de los años sesenta y con el Tribunal Burger. Se comprobó, tal como se señala en Green v. County of School Board (1968), que aunque desde un punto de vista formal la segregación había sido proscrita, desde un punto de vista real la situación era bien diferente. Diez años después de Brown, el porcentaje de alumnos blancos que iban a escuelas mayoritariamente de negros era nulo, mientras que el porcentaje de alumnos negros que iban a colegios mayoritariamente de blancos no superaba el 15 por 100 en todo el país, y era del 2,14 por 100 en el Sur. Quedó de manifiesto que no bastaba con la abolición de la segregación sino que había de realizarse una política activa de integración como mecanismo para eliminar el racismo de la sociedad.

La lucha del Tribunal Warren contra la segregación racial continuó con el Tribunal Burger. Así, en Swann v. Charlotte-Mecklenburg Board of Education (1971), se avaló la constitucionalidad -y la posibilidad real- de que los tribunales impusiesen la aprobación de planes masivos de transporte escolar (el llamado busing[9]), así como cuotas raciales como parte de una reparación de la anterior segregación. También se impusieron planes correctores de la segregación real en los Estados del Norte, donde nunca había existido segregación impuesta legalmente: en Keyes v. Denver School District (1973) se rompió la unanimidad con la que -salvo en Griffin (1964)– había venido actuando el Tribunal. En efecto, el voto particular discrepante de Rehnquist consideraba que todo lo que se había venido actuando desde la sentencia Green (1968) era un exceso con respecto a la decisión tomada en Brown (1954)[10].

Sin embargo las cosas no estaban ya tan claras: bien por la llegada de jueces más conservadores, bien por la oposición de los administradores de la educación a nivel local (o del Partido Republicano en general), bien porque las medidas del Tribunal Supremo para luchar contra la discriminación estaban llegando a un altísimo nivel de complejidad y dificultad (financiación, busing, cuotas, etc.), lo cierto es que en 1974 el Tribunal Supremo por vez primera rechazó avalar una medida antidiscriminatoria solicitada por la NAACP (se trataba de la sentencia Milliken v. Bradley, que rechazó medidas de unificación escolar y de busing en el distrito escolar de Detroit).

La cuestión de la discriminación racial siguió llegando al Tribunal Supremo. Además de las nuevas formas de discriminación (si es que lo son) de la llamada affirmative action (discriminación positiva), que veremos en la sentencia Bakke, con el número 29 de este volumen, vale la pena destacar la sentencia Runyon v. McCrary (1976). En ella el Tribunal Supremo, con la oposición de White y de Rehnquist, extendió una previsión civil (conforme a la cual todas las personas tienen el mismo derecho a formalizar contratos) a las relaciones privadas, impidiendo la discriminación racial. Se declaró la inconstitucionalidad de que un colegio privado se negase a admitir a un negro, pero en seguida los tribunales federales extendieron la doctrina de Runyon a los servicios bancarios, a los seguros, a los parques de atracciones, a los servicios funerarios, etc. En 1989 el Tribunal Rehnquist en Patterson v. McLean Credit Union estuvo a punto de anular esta doctrina (no lo hizo, pero limitó muchísimo su alcance), lo que provocó una reacción del Congreso, que mediante la Ley de Derechos Civiles de 1991 reafirmó la aplicación de la prohibición constitucional de discriminación a las relaciones privadas.

Ya hemos dicho que Brown es obra sobre todo del Chief Justice Warren. Warren era un político conservador y muy importante en la posguerra norteamericana. Había sido elegido tres veces como Gobernador de California, y en 1953 estaba a mitad de su tercer mandato, que él pensaba iba a ser el último. Era uno de los políticos republicanos más relevantes, y de hecho en las presidenciales de 1948 había sido candidato a Vicepresidente junto al aspirante a la Presidencia John Dewey, pero perdieron frente a Truman. En las siguientes presidenciales quiso ser candidato a Presidente, pero al final fue Eisenhower quien ganó las primarias (y las presidenciales) de 1952. Schwartz relata como desde el día siguiente de la victoria electoral, Eisenhower le dijo a Warren que no tendría sitio para él en el Gobierno como Attorney General, pero le prometió ofrecerle la primera vacante en el Tribunal Supremo (parece que cuando la vacante fue la del Chief Justice, Vinson, muerto inesperadamente de un infarto a los 63 años, el Presidente sugirió a Warren que su compromiso se refería a un puesto de juez, no al de Chief Justice, pero al final respetó su palabra). También parece -o al menos así lo cuenta el juez Douglas- que el Vicepresidente Nixon, rival político de Warren, presionó a Eisenhower para que nombrase a Warren, quitándoselo de en medio en el Partido Republicano.

Warren había nacido en Los Angeles en 1891, estudió leyes en Berkeley, sirvió en la primera guerra mundial, y fue Fiscal de Distrito entre 1925 y 1938. En este año comenzó su carrera política, al ser elegido Attorney General de California, y a los cuatro años Gobernador de ese Estado. Los críticos de la jurisprudencia del periodo en el que presidió el Tribunal Supremo recalcan su relativa falta de experiencia como jurista, y que sus sentencias no tenían la precisión técnica de las redactadas por otros jueces. Lo primero no es del todo cierto: si bien es indudable que en el momento de llegar al Tribunal Supremo Warren no provenía de los Tribunales de Circuito sino de la política activa, su experiencia al frente de una de las Fiscalías más importantes del país era mayor que la de otros jueces del Tribunal Supremo. En lo segundo, en cambio, sí hay una cierta unanimidad: «Se ha criticado a Warren por su falta de técnica jurídica. Es cierto que no puede equipararse a un Holmes o a un Cardozo, pero sus trascendentales sentencias tienen valor por sí mismas […]. No le interesaban los tecnicismos, sino que lo que le motivaba era simplemente administrar justicia. Solía preguntar «bien, pero ¿qué es lo justo?» (Schwartz «Los diez…» pp. 91 y 87). Todo el mundo está de acuerdo en que sólo su talento político y su capacidad de liderazgo explican que a los siete meses de su llegada al Tribunal Supremo consiguiese sacar adelante, y por unanimidad, la sentencia Brown.

En todo caso, casi nadie podía prever que un político tan destacado y tan conservador protagonizase el mayor de los cambios jurisprudenciales en sentido progresista y de defensa de los derechos de los negros. De hecho el primer sorprendido -y contrariado- fue el propio Presidente Eisenhower que le había nombrado (en la Introducción nos referimos a una anécdota de que el Presidente consideraba que el mayor error de sus dos mandatos fue el nombramiento de Warren. El segundo error fue, a su juicio, el nombramiento del juez Brennan).

Bibliografía en español: Ronald Dworkin, El imperio de la justicia, Gedisa, Madrid, 1988, pp. 272 y ss.; Bernard Schwartz, Los poderes del Gobierno. Vol. I: Poderes federales y estatales, UNAM, México D.F., 1966, pp. 60-61; Carlos S. Nino Introducción al análisis del Derecho, Ariel, Barcelona, 1983, p. 433; Lawrence Baum El Tribunal Supremo de los Estados Unidos de Norteamérica, Bosch, Barcelona, 1987 p. 275; Juan María Bilbao Ubillos Los derechos fundamentales en la frontera entre lo público y lo privado, McGraw Hill, Madrid, 1997, pp. 78 y ss.; José Suay Rincón, El principio de igualdad en la justicia constitucional, IEAL, Madrid, 1985, p. 115; Pablo de Lora Deltoro, La interpretación originalista de la Constitución. Una aproximación desde la filosofía del Derecho, CEPC, Madrid, 1998, pp. 36-37; Enrique Alonso García, La interpretación de la Constitución, p. 54; Burt Neuborne, El papel de los juristas y del imperio de la ley en la sociedad americana, Civitas, Madrid, 1995, pp. 105 y ss.; Una visión general de la evolución de la jurisprudencia sobre las medidas de discriminación positiva en la jurisprudencia del Tribunal Supremo en María Ángeles Martín Vida, «Evolución del principio de igualdad en Estados Unidos. Nacimiento y desarrollo de las medidas de acción afirmativa en Estados Unidos» REDC núm. 68 (2003), pp. 151 a 194.

    [1] Acaso las críticas hicieron que el Tribunal Supremo fuese mucho más cauto a la hora de aplicar la nueva doctrina. En Black v. Cutter Laboratories (1956) y en Evans v. Abney (1970) no se aplicó en su integridad la doctrina de Shelley, refrendando la validez de medidas discriminatorias (en Black se trataba de un despido claramente discriminatorio por razones ideológicas y en Evans de un parque público donado, en 1911, por una persona que había establecido que estaría abierto sólo para blancos: no se consideró inconstitucional la cláusula discriminatoria, pero como el Ayuntamiento tampoco quería arriesgarse a un pleito contra los herederos, se cerró el parque).

    [2] Existe una amplia bibliografía sobre las deliberaciones que dieron lugar a Brown. En español puede verse el resumen que hace Burt Neuborne El papel de los juristas y del imperio de la ley en la sociedad americana, Civitas, Madrid, 1995 (pp. 105 y ss., insistiendo en que entre 1952 y 1954 poco a poco de los dos únicos jueces partidarios de la inconstitucionalidad de la segregación racial -Black y Douglas- se pasó a la unanimidad, gracias a la labor de persuasión del recién llegado Chief Justice). Por no citar más que los que se refieren al destacadísimo papel del Chief Justice Warren pueden verse Bernakd Schwartz Super Chief. Earl Warren and his Supreine Court. A Judicial Biography, New York University Press, New York, 1983, pp. 72 y ss. y Ed Cray Chief Justice. A Biography of Earl Warren, Simon and Schuster, New York, 1997, pp. 273 y ss. También muy recientemente, Richard Kluger, Simple Justice: The History of Brown v. Board of Education and Black America’s Struggle for Equality, Vintage, New York, 2004.

    [3] El dossier llevaba por título A Random Thought on the Segregation Cases, y fue redactado por uno de los letrados de Jackson, el actual Chief Justice Rehnquist. El documento es especialmente crítico con todos aquellos que niegan la constitucionalidad de la segregación, a los que acusa de querer «incluir su visión sociológica dentro de la Constitución», por lo cual «pienso que la segregación es correcta y debería ser reafirmada».

    [4] La misma tarde del día en que se hizo pública la sentencia el juez Frankfurter envió una nota al Chief Justice Warren que decía, entre otras cosas, que «Este día será recordado como un día glorioso. Es un gran día en la historia del Tribunal, y la forma en la que has llevado las deliberaciones no es la menor de las razones para ello. Te felicito». Tomamos la referencia, con traducción libre, de Ed Cray Chief Justice…, cit. p. 288.

    [5] Téngase en cuenta el grandísimo y arraigado rechazo social hacia los negros. En 1915 el Ku Klux Klan tenía cinco millones de afiliados, simpatizantes activos (tomamos el dato de Derrick A. Bell Jr., «The Racial Imperative in American Law», en VV.AA., The Age of Segregation. Race Relations in the South 1890-1945 (Robert Haws ed.), University of Mississippi, Jackson, 1978, p. 11).

    [6] Burt Neuborne (El papel…, cit., p. 112) señala que en 1956 101 Congresistas y Senadores firmaron un documento comprometiéndose a no aplicar la sentencia, que en 1958 los Chief Justice de los Tribunales Supremos de 38 Estados criticaron abiertamente al Tribunal Supremo federal por su activismo, y que los Gobernadores de Arkansas y de Mississippi juraron impedir la entrada de negros en los colegios.

    [7] Esta sentencia contó con una discrepancia parcial de los jueces Clark y Harlan. Era la primera vez desde Brown que una sentencia sobre segregación racial escolar no se dictaba por unanimidad.

    [8] Véase una descripción de la segregación en locales, bares, cines, calles, transportes, hospitales, etc. en Burt Neuborne, El papel…, cit, p. 103.

    [9] Montserrat Cuchillo, en su traducción a Burt Neuborne, El papel…, define el busing como «sistema de transporte gratuito de los niños negros a las escuelas situadas en barrios de población predominantemente blanca, a efectos de conseguir el establecimiento de un sistema educativo racialmente mixto» (la cita en p. 117, en nota).

    [10] Rehnquist consideraba que Browm obligaba a eliminar la discriminación, pero no a adoptar medidas prácticas coercitivas para que los tribunales administrasen la política de admisión y de financiación de las escuelas, o de transporte escolar, ni a presumir que un colegio en que la mayoría de los alumnos son blancos está discriminando a los negros.

 

1968, el año que estremeció el mundo

1968, el año que estremeció el mundo

Paris, Detroit, Praga, Varsovia, Mexico, Madrid entre otras muchas son ciudades vinculadas a 1968. El año de la revolución global, el primer paso en la “aldea global” de Marshall Mcluhan. Solo 1848, cuando la revolución se extendió por Europa, puede ser parecido. Más cercano, 2011, el año de la indignación contra la desigual salida de la crisis económica de 2008; aunque con un alcance mucho menor.

1968 solo fue posible por una suma de coincidencias.

De entrada, la oposición a la guerra de Vietnam. Una contienda no demasiado diferente a otras vinculadas a situaciones coloniales pero que exacerbó a la opinión pública por la intensidad que puso una de las dos superpotencias en acabar con la resistencia del Vietcong. Una intensidad que provocó que fuera en los propios Estados Unidos donde se iniciaron las protestas, ya sea en recintos universitarios ya sea en la calle. Vietnam solo tuvo un ejemplo posterior, que fue la oposición global a la invasión de Iraq, impulsada por el cuarteto nefasto de las Azores, el que compusieron Bush, Blair, Aznar y Barroso.

 

En segundo lugar, la lucha por los derechos civiles; lo que en aquel momento era muy moderno. Una lucha que se acostumbra a vincular con la que desarrollaron los negros en los Estados Unidos. Pero fue también 1968 cuando la lucha por los derechos de la mujer alcanzó un grado de madurez suficiente para la articulación de un discurso, el discurso feminista. Es lo que une a personas tan distintas como Simone de Beauvoir y Martin Luther King.

 

Y fue, en tercer lugar, el momento de la lucha contra el autoritarismo. Es lo que une a L’Etat c’Est moi, que ejemplifica el mayo francés contra el General de Gaulle o las revolución de la primavera de Praga para crear el socialismo con rostro humano y que también tenía su continuación en Polonia. Acabar con la primavera de Praga constituyó el comienzo del fin de la Unión Soviética. Y es lo que explica las revueltas en la Ciudad Universitaria de Madrid contra la dictadura de Franco. En definitiva, se luchó contra el poder que se consideraba injusto, ya fuera de corte estalinista, capitalista o fascista.

1968 que fue, además, el año en que se descubrió el peso de la imagen y los medios en el discurso político. Mohamed Ali y King eran especialistas en estas lides de hacer un discurso corto, con mensaje directo e impactarte. Como es la imagen de los dos corredores estadounidenses con el puño en alto en los Juegos Olímpicos de Mexico.

1968 dio un peso muy considerable a los medios que, desde este año, estuvieron en condiciones de retransmitir en directo cualquier evento. Los satélites y los avances en la grabación en vídeos con una gran reducción de costes permitieron globalizar la información. Era cuestión de lo que los medios quisieran retransmitir; algo que aún hoy se mantiene. Obviamente, en los sistemas dictatoriales – como el de la España franquista- hay un problema añadido.

Fue un año de esperanza y resultó un año de frustración. Tras el mayo francés, De Gaulle barrió en las elecciones. La primavera de Praga terminó con los tanques del Pacto de Varsovia. En Mexico hubo innumerables muertos en la plaza de Tlaletolco; al igual que en Detroit. Los derechos de los negros siguen teniendo más sombras que luces. La guerra de Vietnam no finalizó hasta 1972.

El pensamiento conservador supo ver los riesgos que corría si volvía la revolución y triunfaba, algo de lo que, en Paris, no se estuvo tan lejos. Los thinks tanks se pusieron en funcionamiento y alumbraron el neoliberalismo. En 1979 Thatcher ganaba las elecciones inglesas, en 1980 Reagan las estadounidenses y Wojtyla es elegido papa. La contrarrevolución estaba en marcha. Y no le ha ido nada mal.

2 de diciembre en Francia: Napoleon I y Napoleon III

2 de diciembre en Francia: Napoleon I y Napoleon III

2 de diciembre en Francia: Napoleon I y Napoleon III. Hoy es 2 de diciembre. Un día muy vinculado a Francia y a la familia Bonaparte, que por ello quiero recordar en este breve post. ¿Curiosidades casuales o casualidades buscadas?

  • Hoy es el aniversario de la (auto)coronación como emperador de Napoleon, en 1804, en la Catedral de Notre Dame, en presencia del Papa y por la gracia de dios, aunque la autocoronación quiera reflejar que él es hijo político de la Revolución. Una fecha que surgió por casualidad y que dependió de las negociaciones con el Papa Pio VII para poder ser investido a la usanza de los viejos emperadores. Todo ello en un contexto en el que se estaba produciendo la reactivación del culto a Carlomagno. Como él, se decía, Napoleón era un restaurador y un fundador de nuevos Imperios.
  • Hoy es el aniversario de la batalla de los 3 emperadores, en donde Napoleon derrotó a los austriacos y rusos en la batalla de Austerlitz. 1805. Es la batalla que hizo ensombrecer el Sacro Imperio. Posiblemente fue la batalla más relevante ganada por Napoleón. A partir de ese momento tuvo la vocación de conquistar Rusia… donde el general invierno le infringió una severa derrota en 1812.
  • Hoy es el aniversario del Golpe de Estado de Luis Napoleon, sobrino de Napoleon I. Este Golpe de Estado (autogolpe, para ser más exactos ya que Luis Napoleon Bonaparte era Presidente de la República desde hacía 3 años; mandato que quería prolongar) es el que inspiró a Marx para aquella frase tan citada de que “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 1795, el sobrino por el tío.”. El fragmento está recogido en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.
  • Hoy es el aniversario, un año después, en 1853, de la proclamación de Napoleón III como emperador de Francia en el palacio de Versalles. Su mandato se extendió hasta el 2 de septiembre de 1870, cuando fue hecho prisionero en la Batalla de Sedán, dentro de la guerra franco-alemana. Como su tío, murió en el exilio y está enterrado en la Cripta Imperial de la Abadía de Saint Michael (Inglaterra).

Dentro de las curiosidades de los 2 de diciembre, es el aniversario del desembarco del Granma en Cuba (1956), con Fidel Castro, el Che Guevara y los demás revolucionarios y también de la llegada de Castro a la Presidencia de Cuba en 1976. Y de la elección de Felipe González como Presidente del Gobierno en 1982. Y para que no se olvide, de la nefasta creación del Tribunal de Orden Público del franquismo (1963).

Revolución Rusa: 6 libros que debieras leer

Revolución Rusa: 6 libros que debieras leer

Revolución rusa: 6 libros que debieras leer. 1917 fue el año de la revolución rusa. Con la revolución francesa la que más consecuencias ha tenido para la humanidad. Una revolución de verdad. La que participa en el diseño de la ONU; la que fue el actor principal de la derrota de los nazis después de las batallas de Stalingrado y Leningrado; la que es parte activa en los procesos de descolonización; la que crea derechos sociales, luego imitados en las Constituciones europeas; la que fractura Alemania primero y Europa después. La que en su evolución genera el estalinismo y todo lo que ello conlleva, la que acaba con la primavera de Praga y la revuelta húngara. Una revolución, en definitiva que, más allá de la opinión que se tenga sobre ella, merece la pena leer sobre ella.

Hoy traigo 6 recomendaciones de libros que resultan relevantes para entenderla. Como toda selección, es susceptible de ser mejorada

 

Diez días que estremecieron el mundo, de John Reed

Revolución rusa

 

 

 

John Reed fue un periodista estadounidense que fue testigo directo de los diez días que condujeron a la toma del Palacio de Invierno en la entonces Petrogrado y al final del Gobierno de Kerensky. La naturaleza esencialmente periodística se muestra en lo que él mismo decía de este libro: “Este libro es un trozo de historia condensado tal como yo la vi. No pretende ser más que un detallado relato de la Revolución de Octubre en que los bolcheviques, al frente de los obreros y soldados, conquistaron el poder del Estado en Rusia y lo entregaron a los soviets.”. Lenin dijo sobre él que “Después de haber leído, con inmenso interés e inalterable atención hasta el fin, el libro de John Reed, “Diez días que estremecieron al mundo”, desde el fondo de mi corazón lo recomiendo a los obreros de todos los países.

 

La revolución rusa de Lenin a Stalin, de Edward H. Carr

Revolución rusa

 

Edward Hallet Carr fue un diplomático e historiador con una amplia trayectoria en el campo de las relaciones internacionales. Educado en Cambridge, escribió una monumental historia de la Rusia Soviética que cubre el periodo entre 1917 y 1929. Asimismo, hizo una breve síntesis sobre el periodo revolucionario, que es la que se recomienda aquí. Marxista, aunque no sometido a los dictados de Moscú, tiene una parte bastante interesante en el análisis de Stalin, que resulta continuador no de la obra de Lenin sino de la Pedro el Grande, con el que compartía su carácter cruel y despiadado. Es también brillante en el análisis de los problemas que tuvieron los bolcheviques cuando llegaron al poder y la necesidad de la NEP una vez obtenida la victoria en la guerra civil.

 

Del leninismo al Estalinismo, de Ignacio Sotelo

Revolución rusa

 

 

 

La muerte de Lenin fue un punto de inflexión en el proceso revolucionario. No sólo por la falta del líder carismático que había permitido la toma del poder en noviembre de 1917 sino también porque tenía una concepción del Estado y del poder muy diferente a la que se plasmó con posterioridad en la URSS. De hecho, sin el advenimiento del estalinismo la historia hubiera sido otra muy diferente. Este libro, clásico, de Ignacio Sotelo realiza una disección rigurosa de las diferencias entre uno y otro líderes y, en particular, hace una descripción atinada del proceso que llevó a Stalin a la dirección de la URSS, con la eliminación de todos aquellos que se opusieran a su predominio, con Trotsky a la cabeza.

 

La revolución rusa, de Leon Trotsky

Revolución rusa

 

 

 

El personaje más inteligente y dotado para la política de la revolución, junto con Lenin. Esta historia de la revolución rusa contada por uno de sus protagonistas centrales fue escrita durante su periodo destierro en la isla de Prinkipo, mar de Mármara, Turquía. Tiene el grandísimo interés de ser una obra escrita por uno de los protagonistas centrales de la revolución, por su minuciosidad y por las explicaciones tanto sobre la toma del poder como por la deriva que tiene el régimen tras la muerte de Lenin. Explica con cuidado también el proceso que él padeció como consecuencia de la burocratización del régimen, un fenómeno contra el que también lucho Lenin, incluso en su enfermedad.

 

La venganza de los siervos

 

Revolución rusa     

 

 

 

Publicado este año, constituye un ensayo sobre el proceso revolucionario que lo configura como el derivado final de una crisis continua que permitió pasar del gobierno zarista al gobierno revolucionario bolchevique sin términos intermedios, ya que el Gobierno de Kerensky después de la revolución de febrero no tuvo tiempo para asentar nuevas estructuras de poder.

 

La revolución rusa, de Rosa Luxemburgo

Este texto estaba destinado a ser objeto de discusión en la Liga de los Espartaquistas, a la que pertenecía junto con Karl Liebknect. No obstante, pese a su simpatía con el proceso revolucionario, su posición contraria a algunas de las medidas adoptadas por el gobierno bolchevique (especialmente en materia de garantías democráticas) hicieron que se postergara su publicación hasta 1922, cuatro años después de su fusilamiento tras la revolución de Alemania en 1918.

 

Revolución rusa

 

 

 

La proclamación del Estado catalán

La proclamación del Estado catalán

Proclamación del Estado catalán. El 6 de octubre de 1934, Llus Companys acompañado de sus consejeros, leyó el documento en el que se declaraba que rompía con las instituciones existentes y se proclamaba “el Estado catalán dentro de la República Federal española”, ofreciendo, al mismo tiempo, a la izquierda española un lugar desde que se pudiera constituir un Gobierno para España.

“En esta hora solemne, en nombre del Pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado catalán de la Repúbluica federal española y, al establecer y fortifucar la relación con los dirigientes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el Gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica”

Para los que quieran escuchar el discurso de Companys, pueden oirlo a partir del 0.55 de este vídeo:

Como es conocido, esta proclamación duró menos de veinticuatro horas, como consecuencia de la intervención del Gobierno de la República.

Los acontecimientos que condujeron a la proclamación de Companys y las consecuencias que tuvieron (entre otras su procesamiento y condena a diez años de cárcel el 6 de junio de 1935) constituyen el objeto de este libro de Alejandro Nieto: La Rebelión Militar De La Generalidad De Cataluña Contra La República.

Els fets d’octubre, los sucesos de octubre de 1934 se produjeron en un contexto determinado, el de la Segunda República española, y fuera de ellos carece de todo sentido y no es posible entenderlos. De hecho, es posible -según el autor- encontrar en su interior la coincidencia entre la rebelión armada de la Generalidad de Cataluña -que tenía una naturaleza eminentemente política- con una revolución social proletaria que se desarrolló asimismo, en Asturias y Madrid. Constituyó un proceso que emergió en octubre del 1934 pero que era la consecuencia de la evolución de la segunda república y que continuó durante mucho tiempo.

Los sucesos de octubre de 1934,  que se analizan en el libro de Nieto, son de naturaleza eminentemente política: la rebelión militar de la Generalidad. De hecho, políticas fueron sus causas y sus consecuencias, manifestados en la represión y recuperación que siguió a los sucesos de octubre de 1934. De hecho, no se puede desligar de la muerte de Macià en 1933 y de las sesiones parlamentarias de mayo de 1936.

Una naturaleza política que transciende lo ocurrido en Barcelona y que se extiende, por ejemplo, al proceso habido ante el Tribunal de Garantías Constitucionales y que concluyó con la sentencia por la que se condena “a todos y cada uno de los procesados como autores de un delito de rebelión militar a la pena de treinta años de reclusión mayor”.

El procedimiento seguido contra Companys y otros produce en el analista actual “una sensación de desconcierto ante su mal planteamiento e inadecuada resolución. Cuantos participaron en ella estaban convencidos de que se estaba juzgando un comportamiento político al que había que encajar en razonamientos legales. Un tour de force que se ensayó con seriedad y competencia técnica, pero cuyas evidentes contradicciones no lograron ser superadas”.

El contexto histórico que estamos viviendo hace especialmente recomendable la lectura de este libro de Alejandro Nieto. Como toda su obra, la jurídica, la politológica, la histórica y la de ciencia de la administración, es además de rigurosa en el análisis un ejemplo de buena escritura y de claridad.

Título: La rebelión militar de la Generalidad de Cataluña contra la República. El 6 de octubre de 1934 en Barcelona.

Autor: Alejandro Nieto

ISBN:9788415963288
Editorial: Marcial Pons, Ediciones de Historia
Fecha de la edición:2014
Lugar de la edición: Madrid. España
Colección: Estudios
Encuadernación: Rústica
Medidas: 22 cm
Nº Pág.: 416
Idiomas: Español

La mujer en la Universidad (II): el papel de La Institución Libre de Enseñanza

La mujer en la Universidad (II): el papel de La Institución Libre de Enseñanza

La mujer en la Universidad (II): el papel de La Institución Libre de Enseñanza. El post anterior sobre la Mujer en la Universidad se puede entender mejor si se analiza el contexto en el que se produjo la admisión de las mujeres en la Universidad española en el año 1910, en donde tuvo un papel determinante la Institución Libre de Enseñanza, que está detrás del impulso para superar las carencias en esta materia de la mujer.

La superación de la situación de inferioridad, la incultura y el analfabetismo en el que se encuentran las mujeres hasta mediados del s. XIX tienen como principal valedor a Fernando de Castro que organiza en 1869 las Conferencias dominicales para la educación de la mujer en la Universidad Central; a las que asistieron un gran número de personalidades como Canalejas, Labra o Moret. Lo más relevante es que en ellas se defendió el derecho a la instrucción de la mujer para ocupar un espacio en la sociedad.

En diciembre de 1869 se inaugura la Escuela de Institutrices, escuela normal que tiene como objetivo preparar a las mujeres que fueran a dedicarse a la enseñanza, escuela en la que imparte clases Giner de los Ríos. En 1870 se crea la Asociación para la Enseñanza de la Mujer  para fomentar la instrucción de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social española.

En 1876 se funda en Madrid la Institución Libre de Enseñanza (1876-1936). En su comité estaban Laureano Figuerola, Eugenio Montero Ríos, Segismundo Moret, Nicolás Salmerón, Francisco Giner de los Ríos, Augusto González de Linares, Gumersindo de Azcárate, Laureano Calderón, Juan Antonio García Labiano y Jacinto Messía.

La Institución Libre de Enseñanza fue, desde sus orígenes, un establecimiento educativo privado laico, que surge con un grupo de catedráticos algunos de ellos separados de la cátedra por no aceptar una Real Orden del Ministerio de Fomento que suponía un ataque frontal a la libertad de cátedra. Su proyecto pedagógico fue secundado por grandes intelectuales de la época – Costa, Marañón, Menéndez Pidal, etc-.

La importancia de la Institución deriva de que la renovación educativa forma parte de otra social, cultural, política y ética lo que implicará una regeneración y modernización de España a través de la enseñanza y la educación. Desde sus principios se defendía que hay que contar con hombres y mujeres bien preparados. Con la vuelta de los liberales al gobierno fueron repuestos en sus cátedras ese mismo año.

La Institución apenas funcionó como centro de estudios universitarios, ya que, al ver que el proyecto no era viable, el centro se transformó en una escuela preparatoria y secundaria para educar a hombres y mujeres desde niños.

Desde 1881 Manuel Bartolomé de Cossío y un gran número de profesores consolidan el proyecto institucionista y la Institución Libre de Enseñanza se convierte en el centro de enseñanza en el que se aplican las teorías pedagógicas más avanzadas de Europa. Asociados a la Institución Libre de Enseñanza, se crean otros organismos como el Museo Pedagógico Nacional, el Centro de Estudios Históricos, la Residencia de estudiantes o la JAE (Junta de Ampliación de Estudios).

Sin duda, Giner de los Ríos y M.B. Cossío son dos figuras fundamentales que promovieron desde los orígenes de la Institución Libre de Enseñanza una pedagogía que trata en paridad a hombres  y mujeres, de ahí que, desde sus inicios, la coeducación es una de sus ideas innovadoras fundamentales y revolucionarias. En su programa se dice textualmente: “se estima que la coeducación es un principio esencial del régimen escolar y que no hay fundamento para prohibir en la escuela la comunidad en que uno y otro sexo viven en la familia y en la sociedad” y continua : ” la coeducación como uno de los resortes fundamentales para la formación del carácter moral, así como de la pureza de costumbres y el más poderoso para acabar con la situación de inferioridad positiva de la mujer, que no empezará a desaparecer hasta que aquella se eduque , no solo como, sino con el hombre”.

Cossío, cuya ingente labor pedagógica hacen de él la figura más representativa del panorama educativo nacional de esas décadas, defiende siempre que tiene que tratarse en plano de igualdad la enseñanza de hombres y mujeres en todos los niveles educativos, desde la escuela a la universidad. Y, sin duda por ello, en los Congresos Pedagógicos de 1882 y 1889  asiste un gran número de mujeres  y se defiende la integración de la mujer en el mundo de la cultura, con figuras destacadas como Emilia Pardo Bazán o María Goyri (pareja de Ramón Menéndez Pidal). Esta última defiende en un artículo de 1899 publicado en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza  los derechos políticos de la mujer y en 1898 tenía una sección propia en la Revista Popular titulada “Crónicas femeninas”. En esta revista se tratan temas sobre la necesidad de que el trabajo de la mujer sea retribuido y ello no significa en modo alguno un desdoro para la condición femenina y la importancia del trabajo de la mujer fuera del hogar.

En el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza (1869-1939), dirigido por Giner y especialmente dedicado a difundir los planteamientos educativos de la Institución, se encuentra un gran número de artículos y reseñas sobre la educación de la mujer en España y en otros países europeos como las excelentes reseñas de Carmen López-Cortón (pareja de Cossío) sobre  la enseñanza superior de la mujer en Francia y Rusia o artículos sobre la problemática femenina de Concepción Arenal, Margarita Comas, Alicia Pestana, etc…etc. Merece un lugar destacado los 5 artículos de Labra en 1891 sobre “La rehabilitación de la mujer”.

A principios del s. XX los ideales institucionistas de promoción de la mujer a través de la cultura y la educación empiezan a influir de manera representativa en las esferas gubernamentales. Por ejemplo, siendo ministro Amalio Gimeno las becas de estudio en centros extranjeros de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) estaban igualmente abiertas a hombres y mujeres (ejemplo de mujeres becadas: Juana Ontañón en 1908; María de Maeztu (1909,1912, 1923), Josefina Cela (1922) etc.). Lo importante de estos viajes fue la mentalidad de mujeres liberadas que se consiguió con estas estancias en el extranjero.

En 1901 se abre el Instituto Internacional, colegio de filiación norteamericana fundado por Alicia Gordon Gulick que, desde sus inicios entra en contacto con Giner, Azcárate y Cossío por compartir las mismas orientaciones pedagógicas y valores respecto a la función de la mujer en la sociedad.

Julio Burell, cercano a los ideales institucionistas, deroga la ley de 1888 , y se inicia el libre acceso a los estudios universitarios en 1910.

En 1915 se abre la Residencia de Señoritas -a imitación de la Residencia de Estudiantes (1910)- y dirigida hasta la guerra civil por María de Maeztu tiene como objetivos : “albergar a señoritas mayores de dieciséis años que estudien o deseen ingresar en facultades universitarias, Escuela Superior de Magisterio, Conservatorio nacional de Música, etc. Asimismo admitirá a alumnas extranjeras que deseen estudiar español”. Las estudiantes contaban con biblioteca, visitaban museos, asistían a conferencias, hacían excursiones etc…etc. María de Maeztu estuvo siempre en contacto estrecho con los pedagogos de la Institución  al coincidir plenamente con sus teorías sobre la educación de la mujer  (especialmente El trabajo de la mujer)

El Instituto Internacional y la Residencia de Señoritas fueron dos centros fundamentales que contribuyeron a iniciar y desarrollar el proceso de emancipación de la mujer a través de la cultura.

La guerra de Marruecos y el fusilamiento de Ferrer en 1909 hacen caer al gabinete de Maura  sustituido por Moret y posteriormente por José Canalejas. Canalejas nombra ministro de Instrucción Pública al Conde de Romanones que se encontró enfrentado a la reglamentación de la enseñanza de las órdenes religiosas. En contra del conservadurismo y poder de las congregaciones, la política del gobierno defiende la enseñanza pública y las nuevas corrientes educativas, tanto en las escuelas  como en la universidad,  influenciado por la Institución Libre de Enseñanza. Es este el contexto en el que se aprueba la Real Orden de 8 de marzo de 1910 que permite el acceso libre de la mujer a la Universidad y la de 2 de septiembre que le permitía impartir docencia.

En 1918, siendo de nuevo Romanones titular de la cartera de Instrucción Pública se funda por Real Decreto el Instituto- Escuela, institución en la que se aplican las ideas pedagógicas y renovadores de la Institución, especialmente (i) la coeducación, (ii) el carácter voluntario de las clases de religión,  y (iii) a las alumnas se les imparten las mismas enseñanzas que a los alumnos para que pudiesen integrarse en la sociedad en igualdad de condiciones. En este centro ocuparon cargos directivos María de Maeztu, María Goyri, Jimena Menéndez Pidal, etc.

No cabe duda alguna que la Institución Libre de Enseñanza abrió el camino y marcó las líneas maestras para establecer la igualdad de hombres y mujeres en la educación y sus principios fueron fundamentales para el cambio de mentalidad en la sociedad española.

 

 

 

Agradezco a Covadonga López Alonso, la ayuda para la redacción de este post.

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